Después de la resaca de Thanksgiving y nuestro tímido intento en el black Friday (con el saldo de un pijama para cambiar porque cada pieza resultó ser de una talla diferente) decidimos acabar el fin de semana de una forma relajada. Eso sí, nuestro guía turístico decidió que ya que se lo había recordado en un post anterior, el sábado íbamos a ver Springfield, que total estaba a tiro de piedra. Intentamos convencerle de que tampoco era necesario, que hacía un frío espantoso, pero al final cedimos, teniendo en cuenta que la ciudad está a menos de una hora y que iba a ser una de las últimas salidas.
Esta vez no hubo atasco que nos hiciera cambiar de rumbo y poco después del mediodía aparcamos el coche junto a la calle principal. Springfield no tiene mucho que ver, salvo el Basketball Hall of Fame, un núcleo de museos y bibliotecas en el centro, y el Springfield Armory National Historic Site. Decidimos que en el Armory no se nos había perdido nada y nos dirigimos a la zona de los museos. Hay para elegir, pero nos quedamos con el paseo por el entorno y el patio en el que se encuentra el Dr. Seuss National Memorial Sculpture Garden. Se trata de una serie de esculturas, que al parecer son personajes de los cuentos del tal doctor. Perdonad nuestra ignorancia pero no los conocíamos. El lugar es agradable y había unos cuantos niños para los que seguramente, los personajes eran más cercanos que para nosotros. Después de estar el tiempo que el frío nos permitió decidimos buscar dónde comer, pero aunque parezca increíble, a primera vista no encontrábamos nada y no había un alma en la calle. Llegamos a pensar que había habido algún tipo de alarma nuclear y nos había pillado en la más profunda inopia. Al final localizamos una pizzería en la que debía estar comiendo todo Springfield, lo que pareció explicar el vacío humano, pero luego me ha explicado mi profe de inglés que esta ciudad tiene una extensión importante, lo que hace que la gente se desplace en coche desde el punto de salida hasta el de destino. Parece ser que ni el frío ni las alarmas nucleares son los causantes de que no caminen ni medio metro.
Después de comer había que visitar el Basketball Hall of Fame que al fin y al cabo, era lo que nos había llevado a la ciudad. Como siempre, hubo que espabilar porque aquí la vida se acaba a las cinco y te cierran sin contemplaciones. No es algo impresionante pero si os pilla cerca no lo dejéis de ver. Por supuesto, para los fanáticos del baloncesto es una pasada porque hay fotografías, recuerdos, camisetas, trofeos y qué se yo, de todas las grandes figuras.
Nos reímos comparando nuestros pies con las huellas de personajes como Shaquille O´neal, que estamos seguros de que puede dormir de pie sin ningún problema. Presumimos de seleccionador al descubrir a Diaz-Miguel entre las fotografías. Buscamos a nuestros internacionales entre las imágenes de los equipos de la NBA. Y finalmente, estuvimos decidiendo dónde colocarían la fotografía de nuestro Gasol, porque ya quedan pocos huecos.
Después de tirar unas canastas en la pista que hay en la planta de acceso y realizar la visita obligada a la tienda de recuerdos regresamos a casa mientras empezaban a caer tímidamente las primeras gotas de agua nieve.
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