Llevábamos ya cinco días en Boston y empezábamos a ser conscientes de la dificultad de encontrar casa. Juanjo había contactado con una lista que recomiendo: craighlist, donde todo se compra y se vende, como en Portobello, y habíamos quedado el martes, a las cinco, para verla. Desde el principio, tanto la mayor, como yo, queríamos la típica casita americana, con un poco de terrenito y esas cosas. Mi santo era menos optimista y estaba convencido de que acabaríamos en un apartamento, que era lo más sencillo. La solución fué salomónica. La casa es un edificio independiente, de tres plantas y la que nos alquilan está en la planta baja, o primera, como ellos la llaman. Todo el barrio tiene el mismo aspecto, como dice mi cuñado, parece del Gran Torino, antiguas casas que se han ido adaptando y dividiendo para acoger a mas familias. Todas tienen su porche delantero y su pequeño yard posterior.
Pues ahí aparecimos, donde nos esperaba una señora entrada en años, con apariencia agradable y con una verborrea que me impedía entender una palabra. Hablaba en inglés pero el acento era peculiar. En un momento se aclaró la duda, cuando nos descubrió su ascendencia: era italiana, casada con un griego (viuda, realmente) y afincada en USA, lo que había provocado una mezcla absolutamente imposible. La buena mujer es la suegra de la dueña, por alguna extraña razón, dado que al parecer el edificio era en su origen de ella y el marido, pero, bueno, ese no era nuestro problema.
La vivienda tenía buen aspecto, es un rectángulo casi perfecto, y la distribución es agradable, dado que las zonas comunes son las más amplias. El salón se sitúa junto al comedor, que se encuentra comunicado, a su vez con la cocina por una pequeña despensa, con una puerta de esas que abre en los dos sentidos, para cachondeo de mis hijos. El baño es pequeño, pero coqueto y en total hay tres habitaciones, dos normales y una, en la que apenas entra la cama (pensaba yo que ya podían haber puesto una cama más sencilla, pero bueno). La distribución, que permitía un juego de escondite perfecto (la pequeña no paraba de dar vueltas alrededor de la cocina, pasillo, salón) y la cocina, que estaba reformada y disponía de una gran mesa, tipo isla, con cinco sillas altas, hizo que nos gustase a todos. Bien, ya estaban todos convencidos. Yo seuía mirando con ojos críticos, buscando posibles problemas y de pronto....¿dónde está la lavadora?
"Ah, no se preocupen, está en el semisótano, pero no es de uso común, los otros pisos no la pueden usar ", y se dirige por otra puerta de la cocina (tres, tiene tres) hacia una escalera posterior que comunica los tres pisos y lleva hasta el sótano y el yard. En el descansillo de acceso también nos enseña una puerta que conduce a lo que ella llama el porche posterior, que es como una gran terraza. Me pregunto porqué no habrán puesto la puerta desde el dormitorio directamente, ya que es incómodo salir de la casa para ir a la terraza, pero, realmente, ¿qué más me da el porqué? Es así. Había dejado a nuestra amiga en el descansillo de la escalera. Abre una puerta y vemos, despues de dar la luz, cómo continúa hacia el sótano. Si en la escalera general había suciedad, aquí no han limpiado desde que colocaron los escalones. Bajamos los dos tramos y nos encontramos con otras dos puertas. Una da al sótano y la otra, al yard, como había contado. Abrimos la del sótano y el olor a humedad que ya habíamos empezado a notar, aquí era tremendo. Ahí tenía mis dos aparatos, lavadora y secadora, del tamaño de un cuartel. Yo aterrorizada, mirando a mi santo y diciendo bajito que ahí no bajaba sóla ni harta de pepsi cola. Ella, encantada de la vida, nos enseña un cuarto que se sitúaba al fondo, con otra puerta, donde aparece una especie de zona de juegos. Digo especie porque entre los montones de ropa, libros, ordenadores, y todo lo que se pueda pensar, había un sofá y, ay dios mío, una tele del tamaño de una mesa de billar. El niño no quita ojo al aparato, una partida de la play ahí no tiene precio. Estaba perdida, no había remedio, a todo el mundo le gustaba. ¿pero no teneis olfato? Si metemos aquí a los niños a jugar, salen todos con un asma de libro.... pero nada. Juanjo decidió que la máquina de lavar estaba hecha para hombres (!no como la de casa!) porque realmente, con un botón, lo hace todo, al igual que la secadora, con lo cual, prometió hacerse cargo de poner y quitar lavadoras, dejándome sin argumentos para negarme.
Efectivamente, el jueves, alquilamos la casa. No había sido para tanto, llevábamos una semana. Nuestra nueva amiga se ofreció a ayudarnos a llevar el equipaje hasta la vivienda, y de nuevo, con los cinco super maletones, los cinco pequeños, los niños y nosostros nos metimos en el coche, lo dejamos todo, firmamos el contrato y nos quedamos, por aqullo de sentir que tomábamos posesión del lugar De todas formas, habíamos ampliado una noche en el hotel, de forma que hasta la noche del sábado no íbamos a dormir a la casa. Decidí que así podría limpiar más a gusto. Nos dimos cuenta de que la casa no era tan fresca como nos había parecido el otro día, ni tan limpia.... Los días siguientes fueron tremendos. Limpiando todo, moviendo muebles, lavando cortinas, fundas....aquello era imposible.. En la cocina había grasa por todos sitios, algo que nos había pasado totalmente desapercibido el día anterior. Nos había dicho que los anteriores moradores de la casa era una familia japonesa, que la niña era asmática, por eso habían quitado alfombras y textiles. Llegamos a la conclusión de que la criatura, si no falleció, debería estar ingresada en algún sitio, porque la cantidad de polvo y basura que sacamos era incompatible totalmente con cualquier problema respiratorio. Tras un par de semanas de limpieza, como en mi vida he hecho (y espero no hacer de nuevo), la casa estaba a nuestro gusto, dentro de las posibilidades, despues de lloros, sudores y ataques de risa.
El primer sabado que estábamos en la casa salimos a comprar cosas que faltaban y al salir cargados con las bolsas, empezó a llover de una forma impresionante (esto nos pasaría unas cuantas veces más, pero en aquel momento, era la primera). Nos metimos en un McDonald que había en el cruce de las cuatro calles y aquello no paraba. El agua subía de nivel y no sabíamos que hacer, la gente iba con el agua por la rodilla y veíamos que aquello iba a más. Decidimos salir y arriesgarnos. Una vez en la calle, fuimos conscientes de que si volvíamos con las chanclas, seríamos bastante afortunados. Lo intentamos hacia la izquierda, nada, imposible, de frente, ni hablar, el agua por la rodilla. De pronto nos fijamos en el recorrido de un chico que aprovechando los desniveles pudo cruzar mojándose sólo hasta el tobillo. Dicho y hecho. Le seguimos y cruzamos hacia el tren haciendo un cuadrado perfecto, para ponernos en la parada, junto a la carretera. Cuando nos estábamos mirando, evaluando los daños (tampoco había sido tanto, sólo unos pies llenos de porquería), junto al resto de la gente, que sonreía feliz de estar ya en la parada.....chas, o plas o la leche!!. Una ola gigante nos empapó a todos. Los tres o cuatro segundos de desconcierto parecieron minutos. Cada uno había visto al resto y de qué forma una ola inexplicable los había cubierto y empapado, con el consiguiente estropicio en pelo y ropa y de pronto, todo el mundo empezó a reir como locos. Si preparan la escena, no nos sale mejor. El paso del susto, desconcierto y carcajada fue como un relámpago, y a todo esto, el capullo del coche que nos había empapado no paró ni para pedir perdón. Realmente, hizo bien en no parar....
Volvimos a casa, despues de casi congelarnos en el metro, otro de los defectos de esta ciudad. El calor del verano ha sido espantoso, pero la temperatura del aire en locales y transporte sólo la puede estar controlando un esquimal. Estos cambios de temperatura hicieron que la mayor estuviera mala los primeros días, normal, no hay cuerpo que aguante tanto salto térmico.