miércoles, 29 de septiembre de 2010

Los dias van pasando........

Llevábamos ya cinco días en Boston y empezábamos a ser conscientes de la dificultad de encontrar casa. Juanjo había contactado con una lista que recomiendo: craighlist, donde todo se compra y se vende, como en Portobello, y habíamos quedado el martes, a las cinco, para verla. Desde el principio, tanto la mayor, como yo, queríamos la típica casita americana, con un poco de terrenito y esas cosas. Mi santo era menos optimista y estaba convencido de que acabaríamos en un apartamento, que era lo más sencillo. La solución fué salomónica. La casa es un edificio independiente, de tres plantas y la que nos alquilan está en la planta baja, o primera, como ellos la llaman. Todo el barrio tiene el mismo aspecto, como dice mi cuñado, parece del Gran Torino, antiguas casas que se han ido adaptando y dividiendo para acoger a mas familias. Todas tienen su porche delantero y su pequeño yard posterior. 
Pues ahí aparecimos, donde nos esperaba una señora entrada en años, con apariencia agradable y con una verborrea que me impedía entender una palabra. Hablaba en inglés pero el acento era peculiar. En un momento se aclaró la duda, cuando nos descubrió su ascendencia: era italiana, casada con un griego (viuda, realmente) y afincada en USA, lo que había provocado una mezcla absolutamente imposible. La buena mujer es la suegra de la dueña, por alguna extraña razón, dado que al parecer el edificio era en su origen de ella y el marido, pero, bueno, ese no era nuestro problema.
La vivienda tenía buen aspecto, es un rectángulo casi perfecto, y la distribución es agradable, dado que las zonas comunes son las más amplias. El salón se sitúa junto al comedor, que se encuentra comunicado, a su vez con la cocina por una pequeña despensa, con una puerta de esas que abre en los dos sentidos, para cachondeo de mis hijos. El baño es pequeño, pero coqueto y en total hay tres habitaciones, dos normales y una, en la que apenas entra la cama (pensaba yo que ya podían haber puesto una cama más sencilla, pero bueno). La distribución, que permitía un juego de escondite perfecto (la pequeña no paraba de dar vueltas alrededor de la cocina, pasillo, salón) y la cocina, que estaba reformada y disponía de una gran mesa, tipo isla, con cinco sillas altas, hizo que nos gustase a todos. Bien, ya estaban todos convencidos. Yo seuía mirando con ojos críticos, buscando posibles problemas y de pronto....¿dónde está la lavadora?
"Ah, no se preocupen, está en el semisótano, pero no es de uso común, los otros pisos no la pueden usar ", y se dirige por otra puerta de la cocina (tres, tiene tres) hacia una escalera posterior que comunica los tres pisos y lleva hasta el sótano y el yard. En  el descansillo de acceso también nos enseña una puerta que conduce a lo que ella llama el porche posterior, que es como una gran terraza. Me pregunto porqué no habrán puesto la puerta desde el dormitorio directamente, ya que es incómodo salir de la casa para ir a la terraza, pero, realmente, ¿qué más me da el porqué? Es así. Había dejado a nuestra amiga en el descansillo de la escalera. Abre una puerta y vemos, despues de dar la luz, cómo continúa hacia el sótano. Si en la escalera general había suciedad, aquí no han limpiado desde que colocaron los escalones. Bajamos los dos tramos y nos encontramos con otras dos puertas. Una da al sótano y la otra, al yard, como había contado. Abrimos la del sótano y el olor a humedad que ya habíamos empezado a notar, aquí era tremendo. Ahí tenía mis dos aparatos, lavadora y secadora, del tamaño de un cuartel. Yo aterrorizada, mirando a mi santo y diciendo bajito que ahí no bajaba sóla ni harta de pepsi cola. Ella, encantada de la vida, nos enseña un cuarto que se sitúaba al fondo, con otra puerta, donde aparece una especie de zona de juegos. Digo especie porque entre los montones de ropa, libros, ordenadores, y todo lo que se pueda pensar, había un sofá y, ay dios mío, una tele del tamaño de una mesa de billar. El niño no quita ojo al aparato, una partida de la play  ahí no tiene precio. Estaba perdida, no había remedio, a todo el mundo le gustaba. ¿pero no teneis olfato? Si metemos aquí a los niños a jugar, salen todos con un asma de libro.... pero nada. Juanjo decidió que la máquina de lavar estaba hecha para hombres (!no como la de casa!) porque realmente, con un botón, lo hace todo, al igual que la secadora, con lo cual, prometió hacerse cargo de poner y quitar lavadoras, dejándome sin argumentos para negarme.
Efectivamente, el jueves, alquilamos la casa. No había sido para tanto, llevábamos una semana. Nuestra nueva amiga se ofreció a ayudarnos a llevar el equipaje hasta la vivienda, y de nuevo, con los cinco super maletones, los cinco pequeños, los niños y nosostros nos metimos en el coche, lo dejamos todo, firmamos el contrato y nos quedamos, por aqullo de sentir que tomábamos posesión del lugar De todas formas, habíamos ampliado una noche en el hotel, de forma que hasta la noche del sábado no íbamos a dormir a la casa. Decidí que así podría limpiar más a gusto. Nos dimos cuenta de que la casa no era tan fresca como nos había parecido el otro día, ni tan limpia.... Los días siguientes fueron tremendos. Limpiando todo, moviendo muebles, lavando cortinas, fundas....aquello era imposible.. En la cocina había grasa por todos sitios, algo que nos había pasado totalmente desapercibido el día anterior. Nos había dicho que los anteriores moradores de la casa era una familia japonesa, que la niña era asmática, por eso habían quitado alfombras y textiles. Llegamos a la conclusión de que la criatura, si no falleció, debería estar ingresada en algún sitio, porque la cantidad de polvo y basura que sacamos era incompatible totalmente con cualquier problema respiratorio. Tras un par de semanas de limpieza, como en mi vida he hecho (y espero no hacer de nuevo), la casa estaba a nuestro gusto, dentro de las posibilidades, despues de lloros, sudores y ataques de risa.
El primer sabado que estábamos en la casa salimos a comprar cosas que faltaban  y al salir cargados con las bolsas, empezó a llover de una forma impresionante (esto nos pasaría unas cuantas veces más, pero en aquel momento, era la primera). Nos metimos en un McDonald que había en el cruce de las cuatro calles y aquello no paraba. El agua subía de nivel y no sabíamos que hacer, la gente iba con el agua por la rodilla y veíamos que aquello iba a más. Decidimos salir y arriesgarnos. Una vez en la calle, fuimos conscientes de que si volvíamos con las chanclas, seríamos bastante afortunados. Lo intentamos hacia la izquierda, nada, imposible, de frente, ni hablar, el agua por la rodilla. De pronto nos fijamos en el recorrido de un chico que aprovechando los desniveles pudo cruzar mojándose sólo hasta el tobillo. Dicho y hecho. Le seguimos y cruzamos hacia el tren haciendo un cuadrado perfecto, para ponernos en la parada, junto a la carretera. Cuando nos estábamos mirando, evaluando los daños (tampoco había sido tanto, sólo unos pies llenos de porquería), junto al resto de la gente, que sonreía feliz de estar ya en la parada.....chas, o plas o la leche!!. Una ola gigante nos empapó a todos. Los tres o cuatro segundos de desconcierto parecieron minutos. Cada uno había visto al resto y de qué forma una ola inexplicable los había cubierto y empapado, con el consiguiente estropicio en pelo y ropa y de pronto, todo el mundo empezó a reir como locos. Si preparan la escena, no nos sale mejor. El paso del susto, desconcierto y carcajada fue como un relámpago, y a todo esto, el capullo del coche que nos había empapado no paró ni para pedir perdón. Realmente, hizo bien en no parar....




Volvimos a casa, despues de casi congelarnos en el metro, otro de los defectos de esta ciudad. El calor  del verano ha sido espantoso, pero la temperatura del aire en locales y transporte sólo la puede estar controlando un esquimal. Estos cambios de temperatura hicieron que la mayor estuviera mala los primeros días, normal, no hay cuerpo que aguante tanto salto térmico.


viernes, 24 de septiembre de 2010

el viaje más largo.....nos vamos

Y llegó el día. El 1 de julio salíamos para Boston. El equipaje, imposible. A última hora siempre se te ocurren cien cosas que meter. Que si mi chal preferido, que si esta camiseta por si acaso, anda, si no había metido guantes para el frío.... qué se yo. Una locura. El mismo día por la mañana estábamos comprando más maletas para meter todo lo que teníamos, porque los bolsones habituales no admiten tal volumen de cosas. En fín, con cinco maletas, cinco troleis, dos ordenadores y una guitarra nos plantamos en Ranón, por supuesto, con ayuda familiar, porque sinó, ya me contarás como íbamos todos y el equipaje. Lloros, nervios, últimos cigarros, más lloros y más nervios, pero conseguimos embarcar. Por alguna extraña razón todas las maletas conseguí que pesasen 22 Kg., para cachondeo familiar y de los compañeros de fila, pero lo conseguí, no hubo problemas. El viaje no se hizo muy largo, al ir vía París, y el control de pasaportes no fue exagerado, teniendo en cuenta que hemos llegado a tardar casi dos horas en otras ocasiones. 
Y nos plantamos en la puerta del aeropuerto, con un taxista dispuesto a llevarnos mientras mirábamos su ranchera, convendidos de que ahí no entrábamos todo el conjunto. Pero sí, vaya si entramos. Nos llevó hasta el hotel, un Days´in, cadena que luego frecuentaríamos en nuestras escapadas, situado cerca de Cambridge y que sería nuestro centro de operaciones los diez siguientes días.
Al llegar tarde y meternos fundidos a la cama, conseguimos que el jet lag no fuese muy importante. A la mañana siguiente comenzamos con un desayuno americano que se repetiría a diario y nos encaminamos a la zona de Coolidge Corner y al entorno del Hospital, para que mi santo se presentase y comprobásemos dónde estaba todo. Visitamos alguna agencia y comprobamos que no iba a ser fácil encontrar casa, y menos donde queríamos. El problema era el tiempo. Seis meses es complicado para esta ciudad, acostumbrada a tiempos equivalentes a cursos y estancias de un año mínimo. Buf, empezaban los nervios. Lo dejamos para el sábado. Se me había olvidado que, para colmo, estábamos en plena ola de calor. Mi adolescente y yo decidimos que no nos pintábamos porque acabábamos con la cara llena de churretes.
El sábado decidimos continuar con la búsqueda y nos fuimos a buscar agencias, pero según las íbamos encontrando cerradas, se nos iba estrechando la entrada de aire. Empezamos a llamar a los anuncios que teníamos de las revistas de alquiler y quedamos con unos para ver una casa en Waltham. Bueno, al menos había una posbilidad. A última hora de la mañana encontramos una agencia abierta, de casualidad, y quedamos para ver una casa en Brighton. La casa era mona, pero totalmente vacía, con lo que había que amueblarla y equiparla completamente. Más tarde, un amigo nos recoomendaría que no cogieramos una casa en ese barrio porque los colegios no eran los más recomendables, con lo cual, la olvidamos. Nos quedaba sólo la de Waltham. Ya eran casi las dos y como empezaba el mundial, con lo cual, volando al centro, a buscar dónde ver el primer partido de España. Acabamos en el Whiskeys, otro local que nos hemos apuntado, y donde la primera vez que vimos la ración de aros de cebolla alucinamos. Aprendimos a pedir para las siguientes ocasiones porque las raciones son como para los picapiedra. Tras unos minutos de contención hispánica, una vez que comprobábamos que los americanos también gritan, mis dos varones se soltaron la melena y gritaron a sus anchas durante todo el partido,  para horror de mi pequeña, que no era quien a comer entre el vocerío y los pies del chico de la mesa de al lado que había decidido que era mejor colocarlos sobre una silla en lugar de mantenerlos a nivel del suelo (a esto sí que no nos acostumbramos todavía, menos mal que llega el frio y la gente deja sus pies en su sitio). Bien, ganamos.
El domingo era 4 de julio y estábamos dispuestos a disfrutar del día y del orgullo patrio. La camarera nos dijo que el recorrido desde la Explanade no era excesivo para volver de noche y que aprovecharamos a ver los fuegos. Impresionante: camisetas con la bandera, bañadores con la bandera, faldas, paraguas, toallas, banderas, banderas y más banderas. Nos fuimos detrás de todo el mundo a la explanade y el gentío era un no acabar. Puestos de comida, zona de festival, familias y familias tiradas junto al río. Nosotros, por no ser menos, hizimos lo mismo y nos tiramos a comer entre el polvo y los mosquitos que nos machacaban..
Una vez comidos, teniendo en cuenta que los baños, una vez visitados, era como para no volver a entrar, decidimos pasear por el centro, tomar algo y volver para los fuegos. Pero los fuegos resultó que eran a las diez y media, y despues de estar otra vez colocados, viendo que la peque ya no podía con la chilaba, decidimos echar a andar hacia el hotel. Los veríamos de camino. Y vaya camino. al día siguiente no le dijimos nada a la camarera para que no nos envenenase, pero nos tiramos una hora andando a buen paso. Que llegada. No podíamos con el alma. Y el calor..... Bendito hotel y bendito aire acondicionado.

El lunes fuimos a ver la maravillosa casa en Waltham, tal y como habíamos concertado. La llegada ya fue accidentada porque cogimos el autobús en la dirección equivocada, teniendo que rehacer el camino y partir del mismo punto en la otra dirección. El bus llegaba al pueblo, pero la dirección exaca era complicada, por lo que nos dirigimos a un taxi. Ya había pasado la hora de la cita. La taxista era una señora afroamericana y decidió que nos llevaba, aunque eramos cinco. Cuando llevábamos pasando por el mismo sitio por 3ª vez y yo no paraba de dar patadas a mi santo, la buena mujer decidió que iba a llamar. El idioma, inidentificable, si los gritos hacían pensar que no estaba muy claro ni el camino, ni el destino ni si hablaba realmente con quien quería hablar. Mas vueltas, más deshacer el camino, más telefono. El taximetro no paraba y tal debía ser nuestra cara que lo apagó y siguió coonduciendo. Tras cuarto de hora de vueltas, un intento de atropello cuando me bajé del coche y un pago concertado de 10 pavos, encontramos la urbanización, pero lógicamente, nuestra vendedora se había largado. Nadie espera una hora. Otra chica que esperaba unos clientes nos dijo que ella nos enseñaba una casa, que no era la misma, pero que tambien estaba en alquiler para dentro de una semanna.
¿había comentado que la gente no llimpia?. Pues eso. si bien había signos de que la gente vivía en esa casa, simultaneamente los habia de que se habían largado despues de una gran bronca, una gran borrachera y algo parecido a un ataque de nervios. La cocina tenía todo tipo de botes, botellas trapos y restos de comida por todos lados. Las camas, deshechas,. La ropa, por los suelos (pero si había armarios....!) horror. Mi cara lo debía decir todo porque, sin inmutarse, la buena mujer nos dijo que todo eso se lo llevarían. Pero ella, ni roja ni nada. Como si ese tipo de casa fuera lo más normal del mundo.
Horrorizados yyo, convencida de que no viviría en waltham, salimos, donde nos esperaba nuestra afroamericana preferida (en compensación por el paseo anterior) que tras casi dejarme en tierra (empecé a pensar que era al go personal) y otros diez pavos, nos dejó en el pueblo. Las cuatro. aquí nadie come a las cuatro, pero muchos cenan, con lo cual, siempre hay comida. Un lunes tremendo, había que ir a descansar. Hotel, bendito hotel.

viernes, 17 de septiembre de 2010

el viaje más largo (hasta ahora). Los preparativos

Hacía tiempo que se planteaba la posibilidad de hacer este viaje pero decidimos que o se tomaba la decisión o se deshechaba para siempre, por lo que comenzaron los preparativos. Una de las intenciones iniciales era la redacción del blog, para tener al tanto a familia y amigos de nuestras aventuras, pero por unas cosas y por las mismas cosas, ha ido pasando el tiempo hasta que he cogido el ordenador por los cuernos y he decidido que hoy empiezo.
El viaje en cuestión consiste en una estancia por seis meses en Boston, MA, por motivos de trabajo de mi santo. La familia al completo (cinco en total), estamos aquí, llevando una vida diferente pero la tratamos de dirigir y convertir en una vida normal.
El decidir que comenzaba la aventura consistió, lo primero, en que él buscase dónde ir y que a ellos les pareciera bien, pero de hecho, eso fue lo más rápido. Lo peor empezó después. Burocracia, papeles para allí, contestaciones para allá, que ese no es el visado, que me mande justificación de cada miembro de la familia, que la beca, que los aviones, que la casa.... "No, la casa lo dejamos para cuando estemos allí, que he leído en IBERIA (no los aviones, sino una página de españoles en boston) que es mejor elegirla desde allí y ver bien lo que alquilas.." dije yo, muy lista. De esto ya hablaremos más adelante.
En fin, después de muchas alegrías y muchos sustos, ya parecía todo encaminado, sólo a falta de la visita a la EMBAJADA AMERICANA....
Dios, que nervios. ¿que nos preguntarán?, ¿no se les ocurrirá hablarme en inglés, que soy la que peor lo habla? Niños, no vayáis a decir tonterías, que esto es muy serio (Es que el concepto seriedad no es lo mismo cuando tienes 14 y 15 años.
Claro, cuando te hablan de una entrevista y has rellenado previamente los formularios para el visado, te imaginas a unos señores de traje y gafas negras en una sala, con un foco apuntándote a la cara y tú ahí, sentada, tras la mesa y sudando la gota gorda mientras insistes en que no quieres hacer nada malo en su país, solo vivir una temporada.
Nada, qué decepción. Lo peor, la cantidad de gente, pero la entrevista se reducía a unas preguntas por parte de un funcionario, detrás de una ventanilla, del tipo: ¿a qué va usted a EEUU? ¿piensa quedarse más tiempo ? ¿cómo se llama su madre? Con lo cual, ya relajados, fuimos contestando y salimos con la promesa de tener los visados al día siguiente, en casa y..... así fue. A las 8 teníamos el aviso de que ya estaban en la oficina de mensajería. Casi llegaron antes que nosotros a Asturias.
Empezaron los nervios, faltaba un mes, pero ya era todo real. Teníamos visados, proyecto, billetes de avión, la casa (que no, que la casa, no)... Ya no había duda de que nos íbamos  y el gusanillo del estómago ya no se nos quitó hasta la marcha....