Vamos a situarnos de nuevo en el tiempo. Tras el fin de semana viendo ballenas y la visita a Fenway Park llegaba de nuevo el sábado y había que seguir conociendo el entorno, pero esta vez nos decidimos por destinos más próximos, que nos permitieron pasar la noche en casa.
Realmente el sábado salimos dispuestos a conocer Springfield por aquello de los Simpson, bueno, esto es una pijada, pero nos habían hablado muy bien del lugar y además , tienen el Basketball Hall of fame, que lo hace más apetecible . Pero fue imposible. Pillamos uno de esos atascos que sólo soportas cuando no te queda otra y como a nosotros sí que nos quedaba, cambiamos de destino. Decidimos ir a visitar la zona de Cape Cod, que viene a ser como nuestro Tapia, Luanco, o Llanes, vamos, el destino preferido de los bostonianos de toda la vida. Queríamos haber pasado un fin de semana, pero lo fuimos demorando por otras salidas y finalmente hemos hecho un par de visitas. Cuando te diriges a esta zona, te das cuenta de que no es un pueblo, sino varios que se van sucediendo a lo largo de lo que es: un cabo. En esta ocasión, llegamos al pueblo llamado Hyannis. Se trata un puerto de mar que se nutre básicamente del turismo, del montón de paseos en barco que tiene preparados y de la pesca, más o menos deportiva.
El día era estupendo y la llegada a la calle principal anunciaba continuamente parkings para los visitantes que quisieran tomar los barcos, unos destinados a paseos más cortos y otros para ver las famosas ballenas. Entre los más cortitos, la oferta estrella era la visión de la casa de los Kennedy, que es uno de los atractivos turísticos de toda la costa. Mientras paseábamos por el puerto, íbamos tratando de convencer a los niños para dar uno de esos paseos después de comer, pero no hubo forma de convencer a la pequeña y nos quedamos viendo el pueblo. Aquí descubrimos un plato que luego hemos repetido y que vale la pena probar, por la diferencia en la forma de aprovechar lo que les da el mar. Con esa manía que tienen de rebozar y freir todo (eso sí, lo hacen estupendamente) te preparan las almejas fritas, de forma que quedan como si fueran anillas de calamares pequeñitos, estupendos. También preparan de la misma forma lo que nosotros llamamos vieiras, que aquí se conoce como scallops, y que están absolutamente deliciosos.
Pasear por este tipo de pueblos te produce una sensación de espejo al cruzarte continuamente con familias igual que las tuya haciendo exactamente lo mismo, turismo puro y duro. Ha sido el verano más giri de nuestra vida, no hemos parado de hacer exactamente lo que se supone que has de hacer en cada ciudad que hemos visitado. Y como tales, seguimos conociendo el pueblo, que como todos, estaba muy bien cuidado y tenía una serie de urbanizaciones a pie de playa que me rio yo de la ley de costas. Todas las casitas tenían su barquito, ya fuera amarrado, ya aparcado, junto al coche en la puerta, impresionante. Desde una de las playas pudimos ver cómo salían el montón de crucerillos, algunos temáticos, a modo de piratas junto a la gran cantidad de embarcaciones deportivas de los de la zona.
Cuando volvimos a la zona había cambiado totalmente el paisaje, era mediados de octubre y el pueblo a visitar en esta ocasión era Chatham. Como faltaba poco para Halloween, nos encontramos con un festival en el parque lleno de muñecos que parecían espantapájaros con sus cabezas de calabaza, pero perfectamente disfrazados como novias, niños, jugadores de fútbol… Esto unido a la banda de música, la gente bailando y los puestos con comida típica de la época (halloween) daban al lugar un aspecto inquietante y extraño. Me imagino que eso era precisamente lo que se intentaba. En esta ocasión, las viviendas cerradas demostraban la naturaleza vacacional del pueblo, pero no faltaba gente gracias al montón de tiendas, sobre todo de antiguedades, que iban plagando la calle principal. En esta ocasión, conseguimos encontrar el famoso faro de Cape Cod, que para nosotros no tiene nada de especial y para ellos, nos imaginamos que tampoco, porque tienen cientos (de hecho, hay rutas para visitar todos los faros), pero nos intrigaba, ya que es la insignia de una marca de patatas fritas a la que nos hemos hecho totalmente adictos.
El domingo cambiamos de ruta y nos dirigimos hacia el norte, a Portsmouth, que pertenece al estado de New Hampshire. En esta ocasión el tiempo no nos acompañaba con una llovizna de esas que parece que no mojan pero sí, vamos, como las de casa. Decidimos hacer un paseo turístico en un autobús de los que te llevan por toda la ciudad para ver las mansiones principales, que suele ser el mayor aliciente. En esta parte del mundo, el concepto “histórico” tiene otro significado y claro, no todas las ciudades tienen grandes momentos en su corta vida, con lo que el mantenimiento de las edificaciones que levantaron los colonos es un valor a mostrar. La comida en The Friendly Toast, nos levantó los ánimos que el día se empeñaba en bajarnos, viendo cómo los camareros, a cual más pintoresco, conseguían dar de comer a tal cantidad de gente. El local es de lo más recomendable y, por lo visto, tenemos otro en Cambridge, que todavía no hemos visitado. Tiene un estilo de peli americana total, con mesas y sillas de colores y las paredes totalmente llenas de dibujos, fotos y objetos diversos. Los camareros van tatuados, unos, mal peinados, otros, (menos uno de los cocineros, que llevaba una cresta perfecta que ya quisieran nuestros punk de los 80), con camisetas gigantes, con gorras y cazadoras que les dan un aspecto de “marcho, que acabé el turno” , todo lo cual, hace que te sorprenda lo amables y educados que luego resultan al atenderte. De hecho, hemos repetido.
Seguimos la ruta para visitar Gloucester, otro de los pueblos costeros más importantes y con un puerto que parecía fuera de escala para el tamaño del pueblo, para acabar pasando por Salem, lugar en el que se sitúan los juicios de las famosas brujas…… pero no vimos a ninguna.
Mañana es Thanksgivin, o lo que es lo mismo, Acción de gracias. Ya tenemos reservada nuestra cena en el super de todos los días, que nos pareció una opción más segura que la de comprar un pavo del tamaño de un dinosaurio y tener comida para todo el mes. Tengo que ir a recogerla, prometo una foto.
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