lunes, 15 de noviembre de 2010

MINUTE MAN


Creo que me estoy liando con tanto ir y venir en el tiempo pero  vale la pena ir introduciendo los últimos paseos que vamos haciendo ahora que está cerca la línea de meta.
Después de una semana pasada por agua, viendo como el paisaje de nuestra calle sigue cambiando de la frondosidad más exuberante al minimalismo de la rama seca, llegó un sábado precioso, con un sol que invitaba al paseo. Cogimos nuestro coche de alquiler, un Zip car, de esos que alquilas por horas o por días y salimos dispuestos al descubrimiento de dos pueblos que están muy cerquita de Boston: Concord y Lexington. Ahora que el día se acaba tan pronto y que nosotros empezamos tan tarde (porque los fines de semana, entre desayunos españoles y organización familiar no arrancamos antes de las 11), hemos decidido cerrar el círculo de expediciones a las ciudades más cercanas.
El comienzo fue, como casi siempre, un poco accidentado, porque aunque google maps no suele equivocarse, la letra del que lo transcribe sí suele dar algún susto; pero bueno, superados los errores, reencontramos el camino y llegamos a Concord sin problema.
Cuando entras a estos pueblos te das cuenta de varias cosas:
- Han sido tremendamente respetuosos con el diseño original de las viviendas y de la estructura del pueblo.
- Han sabido aprovechar el tirón turístico de una forma impresionante, de modo que en casi todos los edificios hay algún tipo de comercio que queda perfectamente integrado al carecer de luminosos y demás efectos que demostrarían su modernidad.
- La cantidad de iglesias por metro cuadrado reflejan la importancia de la religiosidad en esta gente, que les hace llevar alusiones a Dios incluso en las matrículas de sus coches.
- La disposición y el buen estado de las casas te hace dudar de si has entrado en un parque temático o realmente, existen vecinos en la zona. Los carteles de las mil actividades deportivas, musicales y religiosas, te hacen salir de esta duda.
Todo esto hace que te sientas como tantas veces he comentado: dentro de una película americana, de esas  en las que el narrador empieza recordando cuando era un chiquillo y paseaba por las calles de su tranquila ciudad, con su escuela llena de adolescentes perfectos, su iglesia, que abre las puertas dejando salir los cánticos religiosos, la tienda de nosequien que lleva un mandil perfectamente almidonado y el gran campo de fútbol en el que no falta la estrella del colegio….. ¿dónde está la banda de música?. Me gustaría poder transmitir esa sensación porque no ha dejado de repetirse en todo el viaje.
Los dos pueblos que visitamos son fundamentales en el inicio de la independencia americana, pero este, además tenía otro valor: su carácter literario. Ha sido cuna de grandes autores, pero la fundamental, o la más mediática ha sido Louisa May Alcott, la autora de ese libro que, aunque no hayas leído, todo el mundo sabe de memoria: Mujercitas.
En todo el pueblo había un montón de alusiones a la autora. La gran biblioteca, las tiendas de libros anunciaban la firma de libros que se están realizando sobre la vida de esta mujer. Nosotros, para seguir la tradición, visitamos su tumba porque el cementerio está como todos en este país, perfectamente integrado en el pueblo. Como curiosidad, el nombre del mismo es: Sleepy Hollow ¿os suena? Pues, cual será la cantidad de escritores que tiene un letrero diciendo que “la zona de los autores es en la entrada siguiente”. Nos imaginamos que la afición a la escritura debe venir un poco forzada por el enclaustramiento en los inviernos nevados, porque sinó, esto es digno de tesis. 
El cementerio está entre un bosque, con caminos asfaltados y las tumbas, como siempre, integradas en el suelo, del que sólo sale la piedra por lo que a mi me parecen más amables que los nuestros, pero a la peque no debía parecerle lo mismo porque no hacía más que decir que porqué no nos íbamos. La preguntábamos entre risas ¿ves algo? ¿sientes algo? por aquello de las presencias, porque nadie le había dicho que eso era un cementerio; pero ella insistía en que no le gustaba ese tronco muerto, ni aquel pantano al pie del cementerio. Vamos, que la cría no es tonta y sin saberlo, había captado perfectamente la tristeza del lugar. Tras cumplir con nuestro extraño homenaje a la dulce señora, seguimos paseando por el pueblo.
Comimos en el restaurante de ”Helen´s”, que debía ser el único o el más famoso, porque había una cola de mil demonios, pero las hamburguesas y los sándwich nos hicieron comprender por qué todo el mundo quería comer en su casa.
Seguimos el paseo por los alrededores, que son los campos en los que se libraron las primeras batallas contra los ingleses.” Minute Man” es el más importante y parece ser que fue donde los granjeros plantaron cara a los ingleses que habían quemado sus casas como medida de fuerza. Mataron a dos granjeros pero estos devolvieron el ataque y de los ocho ingleses que mataron, cuatro eran oficiales al mando, por lo que el ejército británico, que en esa batalla era inferior en número, empezó a retroceder y ahí fue donde se empezó a cocer el lío.  Esto era un inciso, para que comprobéis que hacemos los deberes y que, al fin y al cabo, en todo el mundo las revoluciones empiezan de la misma forma: nada nuevo bajo el sol.
Fuimos recorriendo la zona que se prolonga en forma de espacios protegidos hasta Lexington y por el camino, no pudimos evitar parar en la “Orchad House”, ya que estaba al pie de la carretera. Se trata de la casa familiar de Louisa May Alcott, en la que  escribió “mujercitas”. Mientras seguíamos nuestro camino dejando atrás unas mansiones impresionantes, me preguntaba si no sería alguna la del apuesto Lauri, pero me quedé con la duda de si fue un personaje inventado o algún amor enmascarado entre sus potentados vecinos.
El pueblo de Lexington muestra igualmente los escenarios fundamentales de los inicios de la independencia, el campo de batalla, el campanario, los edificios de los personajes fundamentales…..
Empapados de patriotismo decidimos que había que bajar al mundo real y lo hicimos volviendo por Cambridge, parando en el Mall y dejando que el consumismo nos devolviera a nuestro siglo.
De momento voy a ir preparando los pompones, que esta tarde vamos a ver un partido de Hockey, que creo que es el único evento deportivo que nos queda. Ya os cuento.


la biblioteca











Minute Man

Minute Man

Minute Man

Orchad House


Lexington



1 comentario:

  1. Yo pensaba que mujercitas era otro tipo de publicación que nos vendía Justo en el quiosco de la calle paralela a San Ignacio..
    Me surge una duda de logística. ¿Teneís planteado la forma de transportar a la península el resultado de vuestros momentos consumistas en los múltiples Malls? Eso se merecerá un post con fotos. Me imagino a Juanjo haciendo subirse a Pau y a Jano encima de una maleta con Caro sobre los hombros para poder cerrarla. jajajaj

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