martes, 30 de noviembre de 2010

SPRINGFIELD


 Después de la resaca de Thanksgiving y nuestro tímido intento en el black Friday (con el saldo de un pijama para cambiar porque cada pieza resultó ser de una talla diferente) decidimos acabar el fin de semana de una forma relajada. Eso sí, nuestro guía turístico decidió que ya que se lo había recordado en un post anterior, el sábado íbamos a ver Springfield, que total estaba a tiro de piedra.  Intentamos convencerle de que tampoco era necesario, que hacía un frío espantoso, pero al final cedimos, teniendo en cuenta que la ciudad está a menos de una hora y que iba a ser una de las últimas salidas.

Esta vez no hubo atasco que nos hiciera cambiar de rumbo y poco después del mediodía aparcamos el coche junto a la calle principal. Springfield no tiene mucho que ver, salvo el Basketball Hall of Fame, un núcleo de museos y bibliotecas en el centro, y el Springfield Armory National Historic Site. Decidimos que en el Armory no se nos había perdido nada y nos dirigimos a la zona de los museos. Hay para elegir, pero nos quedamos con el paseo por el entorno y el patio en el que se encuentra el Dr. Seuss National Memorial Sculpture Garden. Se trata de una serie de esculturas, que al parecer son personajes de los cuentos del tal doctor. Perdonad nuestra ignorancia pero no los conocíamos. El lugar es agradable y había unos cuantos niños para los que seguramente, los personajes eran más cercanos que para nosotros. Después de estar el tiempo que el frío nos permitió decidimos buscar dónde comer, pero aunque parezca increíble, a primera vista no encontrábamos nada y no había un alma en la calle. Llegamos a pensar que había habido algún tipo de alarma nuclear y nos había pillado en la más profunda inopia. Al final localizamos una pizzería en la que debía estar comiendo todo Springfield, lo que pareció explicar el vacío humano, pero luego me ha explicado mi profe de inglés que esta ciudad tiene una extensión importante, lo que hace que la gente se desplace en coche desde el punto de salida hasta el de destino. Parece ser que ni el frío ni las alarmas nucleares son los causantes de que no caminen ni medio metro.


Después de comer había que visitar el Basketball Hall of Fame que al fin y al cabo, era lo que nos había llevado a la ciudad. Como siempre, hubo que espabilar porque aquí la vida se acaba a las cinco y te cierran sin contemplaciones. No es algo impresionante pero si os pilla cerca no lo dejéis de ver. Por supuesto, para los fanáticos del baloncesto es una pasada porque hay fotografías, recuerdos, camisetas, trofeos y qué se yo, de todas las grandes figuras. 








Nos reímos comparando nuestros pies con las huellas de personajes como Shaquille O´neal, que estamos seguros de que puede dormir  de pie sin ningún problema. Presumimos de seleccionador al descubrir a Diaz-Miguel entre las fotografías. Buscamos a nuestros internacionales entre las imágenes de los equipos de la NBA. Y finalmente, estuvimos decidiendo dónde colocarían la fotografía de nuestro Gasol, porque ya quedan pocos huecos. 

Después de tirar unas canastas en la pista que hay en la planta de acceso y realizar la visita obligada a la tienda de recuerdos regresamos a casa mientras empezaban a caer tímidamente las primeras gotas de agua nieve.


viernes, 26 de noviembre de 2010

ACCION DE GRACIAS



Ya ha pasado Thanksgiving y, como nos ha ido ocurriendo a lo largo de este viaje con el 4 de Julio, Halloween, Veterans Day, los Apple Pickings de los niños (no, esto todavía no lo he contado), hemos formado parte de todo ello con mayor o menor intención. Hemos visto el entusiasmo que ponen en cada una de estas celebraciones de forma que inevitablemente, estas imágenes en las próximas películas, cobrarán un sentido más serio del que hasta ahora tenían para nosotros.
El origen del Día de Acción de Gracias se remonta a la época de los colonos y a la costumbre que fueron estableciendo de tener un día en el que agradecer a Dios las cosechas y su ayuda para ir haciendo frente a los problemas que les iban surgiendo. En la actualidad, este día, que se celebra el cuarto jueves del mes de noviembre, no ha dejado de tener su carácter religioso ni su intención de agradecimiento, pero ha pasado a tener un carácter más familiar, parecido a nuestra Nochebuena. Es el día en el que las familias viajan lo que haga falta para reunirse y en el que honran a los que les faltan, por lo que no puede evitarse el espíritu de nostalgia que envuelve a la fecha. Todo el mundo te pregunta dónde y con quien vas a cenar en la noche, como si estuviera totalmente prohibido celebrarlo en la intimidad y nosotros, teniendo en cuenta que somos los suficientes para no considerarnos solos, decidimos que había que celebrar el día y seguir la tradición.
Lo fundamental era la cena. Este punto es indiscutible. Se cena pavo. Los supermercados estaban totalmente llenos de pavos envasados al vacío, congelados y de ofertas de pavo preparado. Nosotros nos apuntamos a esta opción y compramos los menús completos para que no se nos olvidara nada importante. Y es que, probablemente, preparar el pavo no sea tan complicado (o por lo menos, de eso me han querido convencer todas las personas a las que les he dicho que me negaba a prepararlo), pero ver el montaje de rellenos y acompañamientos que necesita me hacía imaginarme todo un día cocinando y tres semanas comiendo las sobras de la cena. De esta forma, fuimos a recoger nuestros menús perfectamente envasados el miércoles por la tarde ya que sorprendentemente, el jueves nuestro súper cerraba todo el día. Ha sido el único día desde que estamos que ha cerrado: ni domingos, ni ninguna de las fiestas que he mencionado. Sólo este jueves.
Después de pasar un día de fiesta totalmente cocoon, calentitos y tranquilos mientras en la calle no subía la temperatura de los 2º, llegó la hora de cenar, la hora americana de cenar, y preparamos nuestra mesa en el salón como lo hacemos en nuestra Navidad, con la distancia que supone no tener de todo, pero con la misma sensación. Las chicas nos arreglamos después de un día de pijama para estar guapas para la cena. Los chicos decidieron que tampoco era para tanto, pero no nos importó. Estábamos perfectos. Puse cientos de velitas que había comprado para Halloween y no sabía cómo dar salida y nos empapamos del espíritu americano con nuestro pavo, su extraño acompañamiento, los purés de patata y calabaza y la inevitable tarta de manzana. Para que todo el mundo comiera pavo, le hice a la pequeña unos san jacobos de ídem y así no faltamos ninguno a la tradición.
Me imagino que es la distancia, la morriña, la necesidad de contacto con la gente, más allá de la comunicación virtual, pero para no faltar a la tradición, en el día no faltó la nostalgia ni tampoco las ganas de dar las gracias porque al fin y al cabo, estamos juntos y estamos bien.


Hoy es el famoso viernes negro, “Black Friday”, que es el día de mayores rebajas del año. Así como ayer fue el único día en el que cerraron una barbaridad de comercios, hoy los hay que han abierto a las cinco de la mañana con unas ofertas de volverse loco. Pero todo el mundo te recomienda que lo evites, que entre atascos, peleas y comprar locas, de esas en las que te llevas de todo menos lo que querías, es mejor esperar a las rebajas más tranquilas que empiezan después de este día.
De todas formas, nos vamos al centro, por si pillamos algo.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Seguimos explorando











Vamos a situarnos de nuevo en el tiempo. Tras el fin de semana viendo ballenas y la visita a Fenway Park llegaba de nuevo el sábado y había que seguir conociendo el entorno, pero esta vez nos decidimos por destinos más próximos, que nos permitieron pasar la noche en casa.
Realmente el sábado salimos dispuestos a conocer Springfield por aquello de los Simpson, bueno, esto es una pijada, pero nos habían hablado muy bien del lugar y además , tienen el   Basketball Hall of fame, que lo hace más apetecible . Pero fue imposible. Pillamos uno de esos atascos que sólo soportas cuando no te queda otra y como a nosotros sí que nos quedaba, cambiamos de destino. Decidimos ir a visitar la zona de Cape Cod, que viene a ser como nuestro Tapia, Luanco, o Llanes, vamos, el destino preferido de los bostonianos de toda la vida. Queríamos haber pasado un fin de semana,  pero lo fuimos demorando por otras salidas y finalmente hemos hecho un par de visitas. Cuando te diriges a esta zona, te das cuenta de que no es un pueblo, sino varios que se van sucediendo a lo largo de lo que es: un cabo. En esta ocasión, llegamos al pueblo llamado Hyannis. Se trata un puerto de mar que se nutre básicamente del turismo, del montón de paseos en barco que tiene preparados y de la pesca, más o menos deportiva.
El día era estupendo y la llegada a la calle principal anunciaba continuamente parkings para los visitantes que quisieran tomar los barcos, unos destinados a paseos más cortos y otros para ver las famosas ballenas. Entre los más cortitos, la oferta estrella era la visión de la casa de los Kennedy, que es uno de los atractivos turísticos de toda la costa. Mientras paseábamos por el puerto, íbamos tratando de convencer a los niños para dar uno de esos paseos después de comer, pero no hubo forma de convencer a la pequeña y nos quedamos viendo el pueblo. Aquí descubrimos un plato que luego hemos repetido y que vale la pena probar, por la diferencia en la forma de aprovechar lo que les da el mar. Con esa manía que tienen de rebozar y freir todo (eso sí, lo hacen estupendamente) te preparan las almejas fritas, de forma que quedan como si fueran anillas de calamares pequeñitos, estupendos. También preparan de la misma forma lo que nosotros llamamos vieiras, que aquí se conoce como scallops, y que están absolutamente deliciosos.
Pasear por este tipo de pueblos te produce una sensación de espejo al cruzarte continuamente con familias igual que las tuya haciendo exactamente lo mismo, turismo puro y duro. Ha sido el verano más giri de nuestra vida, no hemos parado de hacer exactamente lo que se supone que has de hacer en cada ciudad que hemos visitado. Y como tales, seguimos conociendo el pueblo, que como todos, estaba muy bien cuidado y tenía una serie de urbanizaciones a pie de playa que me rio yo de la ley de costas.  Todas las casitas tenían su barquito, ya fuera amarrado, ya aparcado, junto al coche en la puerta, impresionante. Desde una de las playas pudimos ver cómo salían el montón de crucerillos, algunos temáticos, a modo de piratas junto a la gran cantidad de embarcaciones deportivas de los de la zona.
Cuando volvimos a la zona había cambiado totalmente el paisaje, era mediados de octubre y el pueblo  a visitar en esta ocasión era Chatham. Como faltaba poco para Halloween, nos encontramos con un festival en el parque lleno de muñecos que parecían espantapájaros con sus cabezas de calabaza, pero perfectamente disfrazados como novias, niños, jugadores de fútbol…  Esto unido a la banda de música, la gente bailando y los puestos con comida típica de la época (halloween) daban al lugar un aspecto inquietante y extraño. Me imagino que eso era precisamente lo que se intentaba. En esta ocasión, las viviendas cerradas demostraban la naturaleza vacacional del pueblo, pero no faltaba gente gracias al montón de tiendas, sobre todo de antiguedades, que iban plagando la calle principal. En esta ocasión, conseguimos encontrar el famoso faro de Cape Cod, que para nosotros no tiene nada de especial y para ellos, nos imaginamos que tampoco, porque tienen cientos (de hecho, hay rutas para visitar todos los faros), pero nos intrigaba, ya que es la insignia de una marca de patatas fritas a la que nos hemos hecho totalmente adictos.
El domingo cambiamos de ruta y nos dirigimos hacia el norte, a Portsmouth, que pertenece al estado de New Hampshire. En esta ocasión el tiempo no nos acompañaba con una llovizna de esas que parece que no mojan pero sí, vamos, como las de casa. Decidimos hacer un paseo turístico en un autobús de los que te llevan por toda la ciudad para ver las mansiones principales, que suele ser el mayor aliciente. En esta parte del mundo, el concepto “histórico” tiene otro significado y claro, no todas las ciudades tienen grandes momentos en su corta vida, con lo que el mantenimiento de las edificaciones que levantaron los colonos es un valor a mostrar. La comida en The Friendly Toast, nos levantó los ánimos que el día se empeñaba en bajarnos, viendo cómo los camareros, a cual más pintoresco, conseguían dar de comer a tal cantidad de gente. El local es de lo más recomendable y, por lo visto, tenemos otro en Cambridge, que todavía no hemos visitado. Tiene un estilo de peli americana total, con mesas y sillas de colores y las paredes totalmente llenas de dibujos, fotos y objetos diversos. Los camareros van tatuados, unos, mal peinados, otros,  (menos uno de los cocineros, que llevaba una cresta perfecta que ya quisieran nuestros punk de los 80), con camisetas gigantes, con gorras y cazadoras que les dan un aspecto de “marcho, que acabé el turno” , todo lo cual, hace que te sorprenda lo amables y educados que luego resultan al atenderte. De hecho, hemos repetido.
Seguimos la ruta para visitar Gloucester, otro de los pueblos costeros más importantes y con un puerto que parecía fuera de escala para el tamaño del pueblo, para acabar pasando por Salem, lugar en el que se sitúan los juicios de las famosas brujas…… pero no vimos a ninguna.
Mañana es Thanksgivin, o lo que es lo mismo, Acción de gracias. Ya tenemos reservada nuestra cena en el super de todos los días, que nos pareció una opción más segura que la de comprar un pavo del tamaño de un dinosaurio y tener comida para todo el mes. Tengo que ir a recogerla, prometo una foto.

viernes, 19 de noviembre de 2010

LET´S GO BRUINS!!!!!!!


Efectivamente, como os había adelantado, no hubo ninguna sorpresa. El grito de guerra era “let´s go Bruins”. Era evidente, no nos ha fallado en ningún evento. 
El lunes nos dirigimos de nuevo hacia el TD GARDEN, casa de los Celtics, pero compartida con los de hockey, los Bruins. Por lo que nos explicó una seguidora, es espectacular ver la maniobra de cambio de suelo, porque parece ser que se realiza en 30 minutos. Se retira el parquet y se vuelve a colocar como si tal cosa. Aparece el hielo y…..preparados para la batalla.
Una visión claramente equivocada nos hizo creer que habría menos público para el partido. Los alrededores del estadio estaban mucho más tranquilos que en la ocasión anterior, con motivo del partido de los Celtics, aunque la temperatura era mucho más agradable y se prestaba por ello a la cena previa en los locales de alrededor. Tampoco habían colocado los proyectores sobre las fachadas del estadio, resultando menos espectacular y lo único que animaba el entorno eran los vendedores de camisetas que aludían al deporte como “la lucha”, considerando que el partido valía la pena si la “pelea” la había valido.
 Ya en la zona de control de seguridad y acceso al estadio parecía haber existido un salto en el tiempo-espacio porque el gentío se había multiplicado inexplicablemente (debían estar todos en North Station) confirmándose un lleno casi total desde nuestro privilegiado puesto, vamos, en lo más alto de las gradas. Montones de sudaderas negras y amarillas lo confirmaban. Todos tienen su público y nosotros, como siempre, con los de casa.  En esta ocasión, con motivo de nosequé homenaje había una gran cantidad de militares, la mayoría con trajes de esos, como de camuflaje desvaído, pero también hay un número importante que lleva su traje de gala.
Mientras se va calentando el ambiente, hacen las presentaciones y se va preparando al público para el apoyo al equipo, nosotros vamos apurando la cena, esta vez acompañada sin problemas de la cervecita, previa presentación de pasaporte original, que por supuesto, habíamos traído. Nos damos cuenta de que nos metemos en faena en dos minutos, no sabemos si ayudados por el ambiente, el sonido ensordecedor, los cánticos y olas o las mil imágenes en la pantalla central, que te hace sentir como si en cualquier momento fuera a empezar el mejor concierto de rock de la temporada. Y comienza el calentamiento. Los gritos aumentan por momentos. El sonómetro da muestra de ello mientras se producen los primeros encontronazos con el cierre perimetral transparente que, se me había olvidado, era la única diferencia palpable con el original terreno de juego (además de, por supuesto, el hielo). Van frenando mientras aparecen las imágenes del equipo en la pantalla y, de pronto, silencio total: el himno.

Habían salido cuatro hombres, militares con sus trajes de campaña, que colocados frente al micro y sin ningún otro tipo de acompañamiento, comenzaron a cantar. Las pantallas gigantes se fundieron para mostrar una bandera que parecía ondear en círculo. El rótulo que recorre todo el contorno de las gradas se transformó en una línea continua con los colores de la bandera. Las luces bajaron para iluminar a los cuatro hombres que cantaban maravillosamente mientras todo el mundo en pie, algunos con la mano en el corazón, parecían al borde del éxtasis acompañando con los labios su himno, como en un murmullo. Hasta la última estrofa. En ese momento se produce una especie de explosión y todo el mundo aplaude, grita, vitorea y canta a gritos el final del himno, por encima de los militares, a los que ahora apenas se oye, y ya no se si he vuelto a Bilbao y estoy viendo a AC/DC o estoy en el Garden. Mi marido y yo nos miramos, alucinados. No se puede narrar el sentimiento que tiene esta gente de su país. Nada que ver con partidos o sensaciones más o menos conservadoras. Nada que ver con edades, clases sociales o el deporte que se juegue. Es su himno. Es su bandera. De todos. Y no tienen que convencerte, lo sientes, lo palpas, da igual el estado en el que te encuentres, eso está por encima de todo para ellos. Y mientras nosotros nos hemos quedado un poco impresionados con el momento, ellos, con la mayor naturalidad se sientan: ha comenzado el partido.
Nunca habíamos ido a un partido de hockey, aunque todos lo hayamos visto por la televisión, y resulta impresionante la fuerza que desprende. La velocidad es tremenda y los impactos contra los cristales, brutales. Da igual que no tengan la posesión en ese momento, se frena contra el rival estampándole contra el cierre y haciendo que tú te encojas, como si te hubiera dolido el cañonazo que se ha llevado el amigo.
A poco de empezar, dos jugadores se empiezan a dar. Primero despacio, como amagando con los palos. Luego  sueltan los palos y van entrando en materia, hasta que, se quitan los cascos y se empiezan a canear como si se tratara de la final de peso pluma. A todo esto, los árbitros, como si lo fueran del citado deporte, mirando para ellos sin mover un dedo.  La caída de uno de los jugadores al hielo les hace intervenir y paran la pelea con no pocas dificultades. Todos contentos, esto promete. Qué quieres, Warren Beatty estaba en nuestras cabezas y esperábamos violencia, mucha violencia. Pero nada. Aquello no pasó de unos empujones, varios castigos al cubículo ese en el que los meten y poco más. Los dos amagos de broncas multitudinarias, alentados por todo el estadio, fueron impedidos por los árbitros sin que os podamos explicar el porqué. El partido, que era contra los Devils de New Jersey, acabó con la victoria local. El momento en que marcaron el tercer gol, mi hijo, sediento de fútbol, saltó gritando como si hubiera nacido en el mismo Boston, para cachondeo familiar, que veíamos en su explosión lo que hace el mono de tantos meses sin  su Sporting, sin su Molinón.
En el camino hacia casa íbamos pensando en que hay que reactivar lo de nuestro himno para dejar de cantar esos de lala lala lalalalalala lala la lalá lalala lal la…………… cada vez que juega España.
¿Alguien sabe si sigue vivo Georgie Dann?






lunes, 15 de noviembre de 2010

MINUTE MAN


Creo que me estoy liando con tanto ir y venir en el tiempo pero  vale la pena ir introduciendo los últimos paseos que vamos haciendo ahora que está cerca la línea de meta.
Después de una semana pasada por agua, viendo como el paisaje de nuestra calle sigue cambiando de la frondosidad más exuberante al minimalismo de la rama seca, llegó un sábado precioso, con un sol que invitaba al paseo. Cogimos nuestro coche de alquiler, un Zip car, de esos que alquilas por horas o por días y salimos dispuestos al descubrimiento de dos pueblos que están muy cerquita de Boston: Concord y Lexington. Ahora que el día se acaba tan pronto y que nosotros empezamos tan tarde (porque los fines de semana, entre desayunos españoles y organización familiar no arrancamos antes de las 11), hemos decidido cerrar el círculo de expediciones a las ciudades más cercanas.
El comienzo fue, como casi siempre, un poco accidentado, porque aunque google maps no suele equivocarse, la letra del que lo transcribe sí suele dar algún susto; pero bueno, superados los errores, reencontramos el camino y llegamos a Concord sin problema.
Cuando entras a estos pueblos te das cuenta de varias cosas:
- Han sido tremendamente respetuosos con el diseño original de las viviendas y de la estructura del pueblo.
- Han sabido aprovechar el tirón turístico de una forma impresionante, de modo que en casi todos los edificios hay algún tipo de comercio que queda perfectamente integrado al carecer de luminosos y demás efectos que demostrarían su modernidad.
- La cantidad de iglesias por metro cuadrado reflejan la importancia de la religiosidad en esta gente, que les hace llevar alusiones a Dios incluso en las matrículas de sus coches.
- La disposición y el buen estado de las casas te hace dudar de si has entrado en un parque temático o realmente, existen vecinos en la zona. Los carteles de las mil actividades deportivas, musicales y religiosas, te hacen salir de esta duda.
Todo esto hace que te sientas como tantas veces he comentado: dentro de una película americana, de esas  en las que el narrador empieza recordando cuando era un chiquillo y paseaba por las calles de su tranquila ciudad, con su escuela llena de adolescentes perfectos, su iglesia, que abre las puertas dejando salir los cánticos religiosos, la tienda de nosequien que lleva un mandil perfectamente almidonado y el gran campo de fútbol en el que no falta la estrella del colegio….. ¿dónde está la banda de música?. Me gustaría poder transmitir esa sensación porque no ha dejado de repetirse en todo el viaje.
Los dos pueblos que visitamos son fundamentales en el inicio de la independencia americana, pero este, además tenía otro valor: su carácter literario. Ha sido cuna de grandes autores, pero la fundamental, o la más mediática ha sido Louisa May Alcott, la autora de ese libro que, aunque no hayas leído, todo el mundo sabe de memoria: Mujercitas.
En todo el pueblo había un montón de alusiones a la autora. La gran biblioteca, las tiendas de libros anunciaban la firma de libros que se están realizando sobre la vida de esta mujer. Nosotros, para seguir la tradición, visitamos su tumba porque el cementerio está como todos en este país, perfectamente integrado en el pueblo. Como curiosidad, el nombre del mismo es: Sleepy Hollow ¿os suena? Pues, cual será la cantidad de escritores que tiene un letrero diciendo que “la zona de los autores es en la entrada siguiente”. Nos imaginamos que la afición a la escritura debe venir un poco forzada por el enclaustramiento en los inviernos nevados, porque sinó, esto es digno de tesis. 
El cementerio está entre un bosque, con caminos asfaltados y las tumbas, como siempre, integradas en el suelo, del que sólo sale la piedra por lo que a mi me parecen más amables que los nuestros, pero a la peque no debía parecerle lo mismo porque no hacía más que decir que porqué no nos íbamos. La preguntábamos entre risas ¿ves algo? ¿sientes algo? por aquello de las presencias, porque nadie le había dicho que eso era un cementerio; pero ella insistía en que no le gustaba ese tronco muerto, ni aquel pantano al pie del cementerio. Vamos, que la cría no es tonta y sin saberlo, había captado perfectamente la tristeza del lugar. Tras cumplir con nuestro extraño homenaje a la dulce señora, seguimos paseando por el pueblo.
Comimos en el restaurante de ”Helen´s”, que debía ser el único o el más famoso, porque había una cola de mil demonios, pero las hamburguesas y los sándwich nos hicieron comprender por qué todo el mundo quería comer en su casa.
Seguimos el paseo por los alrededores, que son los campos en los que se libraron las primeras batallas contra los ingleses.” Minute Man” es el más importante y parece ser que fue donde los granjeros plantaron cara a los ingleses que habían quemado sus casas como medida de fuerza. Mataron a dos granjeros pero estos devolvieron el ataque y de los ocho ingleses que mataron, cuatro eran oficiales al mando, por lo que el ejército británico, que en esa batalla era inferior en número, empezó a retroceder y ahí fue donde se empezó a cocer el lío.  Esto era un inciso, para que comprobéis que hacemos los deberes y que, al fin y al cabo, en todo el mundo las revoluciones empiezan de la misma forma: nada nuevo bajo el sol.
Fuimos recorriendo la zona que se prolonga en forma de espacios protegidos hasta Lexington y por el camino, no pudimos evitar parar en la “Orchad House”, ya que estaba al pie de la carretera. Se trata de la casa familiar de Louisa May Alcott, en la que  escribió “mujercitas”. Mientras seguíamos nuestro camino dejando atrás unas mansiones impresionantes, me preguntaba si no sería alguna la del apuesto Lauri, pero me quedé con la duda de si fue un personaje inventado o algún amor enmascarado entre sus potentados vecinos.
El pueblo de Lexington muestra igualmente los escenarios fundamentales de los inicios de la independencia, el campo de batalla, el campanario, los edificios de los personajes fundamentales…..
Empapados de patriotismo decidimos que había que bajar al mundo real y lo hicimos volviendo por Cambridge, parando en el Mall y dejando que el consumismo nos devolviera a nuestro siglo.
De momento voy a ir preparando los pompones, que esta tarde vamos a ver un partido de Hockey, que creo que es el único evento deportivo que nos queda. Ya os cuento.


la biblioteca











Minute Man

Minute Man

Minute Man

Orchad House


Lexington