viernes, 29 de octubre de 2010

LA GRAN MANZANA

Tras una pausa para disfrutar la visita familiar (la única visita familiar), regreso a mis mundos, que cada vez son menos míos....
El fin de semana del 16 de octubre habíamos vuelto a la ciudad de Nueva York para encontrarnos con la familia. Este sería nuestro segundo viaje a la ciudad en esta aventura. El primero lo realizamos en el último fin de semana de julio. 
Una vez instalados en nuestra nueva casa, olvidados los problemas de ácaros y comenzando a tener una normalidad relativa, nos planteamos que había que comenzar a conocer el entorno. Teniendo en cuenta que vacaciones, como tal, no íbamos a tener, dado que mi santo estaba inmerso en su jornada de trabajo normal, pero que, al menos, teníamos los fines de semana libres, comenzamos una serie de escapadas que se han ido repitiendo a lo largo del tiempo. 
Por supuesto, la primera tenía que ser a NYC. Gracias a Dios, la pasión por la ciudad la compartimos toda la familia (y a partir de este viaje, incluida la pequeña) por lo que no hubo discusión sobre el destino. 
Empezamos con las decisiones importantes ¿como ir?. En avión, una indecencia económica, aparte de que tampoco ahorras tanto tiempo. En coche de alquiler, impensable. Llegar no es complicado, pero los parkings te acaban saliendo casi más caros que el avión.... Quedaban el tren y el autobús. El tren es una buena opción y no es demasiado cara, pero el descubrimiento de una compañía de autobuses muy utilizada por aquí, nos hizo decidirnos inmediatamente. MEGABUS tiene un montón de rutas, entre las que se encuentra Boston-NY, y los billetes, realmente, no tienen precio fijo, porque te pueden salir desde un dolar hasta 50, 60, etc. El porqué, no tenemos ni idea, pero en función del día, de la hora y de cuando saques los billetes, el precio es diferente. Conseguimos billetes de ida y vuelta por doscientos, para los cinco. Estupendo, faltaba el hotel. 
Claro, conseguir hotel en la ciudad ya no es tan fácil. Somos cinco y cuando no hay problemas de habitaciones, lo hay de precio y sinó, de zona; un lío. Nos costó más tiempo pero mi experto en relaciones hoteleras nos encontró un apartamento muy cerquita de Times Square. Las fotos tenían buena pinta pero os recuerdo que todavía no habíamos empezado a movernos y la idea de un apartamento daba un poco de miedito.
Bueno, la aventura es la aventura y esto era lo que había, así que nos encontramos con juanjo en South Station dispuestos a coger el bus de las 4:30. Ya en el ascensor íbamos con un montón de chavales que nos parecieron canarios y que se dirigieron hacia la misma cola que nosotros. Como el orden de llegada es el que manda a la hora de coger sitio, allí estuvimos esperando para conseguir los asientos del final, como cuando éramos niños, para poder estar los cinco juntos. Estos asientos están en el piso superior. En el inferior hay mesas de cuatro, está muy bien distribuido para ir con amigos, pero nosotros tenemos problemas de mareos y lo de ir en el sentido contrario a la marcha no era una posibilidad muy afortunada. Bueno, ya dispuestos, delante de nosotros ocuparon los asientos los que creíamos canarios. Resultó que eran estudiantes chilenos y no callaron ni un momento en todo el viaje. Sacaban fotos a los cuatro que estaban delante de nosotros , que eran los únicos que dormían y que no despertaron casi hasta la llegada. El momento de amistad total fue cuando queriendo convencer a uno de ellos de que le habían pintado como una chica mientras estaba dormido, se dirigieron a mi, para confirmarlo. El me miraba, espantado mientras me preguntaba si realmente estaba maquillado. Yo, ante la posibilidad de que me estrangularan los demás, asentí, para cachondeo de mis hijos, y los demás estallaron en una gran carcajada, con lo que al pobre no le quedó ninguna duda de que le habían medio-travestido. Por esa parte, el viaje estuvo muy bien, muy entretenido, pero.... Carolina empezó con los mareos al poco de salir de Boston y a mi ya no me llegaban las bolsas, un horror. El motivo principal del mareo no era el propio autobús sino el mal cuerpo que llevábamos todos por culpa del aire acondicionado. Como ya os había dicho, es una manía de la ciudad y claro, el bus, no podía ser menos. Fuimos todo el camino con una temperatura que hizo que todos los chilenos se taparan sus cuerpos y las salidas de aire con las sudaderas, pero claro, nosotros éramos nuevos en la experiencia y no llevábamos absolutamente nada de abrigo. Yo tapaba a caro con mi falda, que menos mal, era amplia, de vuelo, pero brazos y resto, nada. Muertitos de frío y pegaditos para combatirlo.
Finalmente llegamos a la ciudad, junto a Penn Station, y pisar el suelo fue un bálsamo para nuestros miembros medio congelados. A mi esta ciudad me vuelve loca. Me siento como en un parque temático por los que andas con la sonrisa puesta de continuo, con dolor de cuello de mirarlo todo y una música de fondo que aquí es más una mezcla de ruido, voces, música, coches... y la peque reaccionó como era de esperar. Empezó a mirarlo todo apuntando y preguntando de continuo: mama, mira esa luz. Papa, papa, ¿qué hace ese señor? Perfecto. Comenzamos a caminar hacia el hotel, que estaba diez calles más arriba mientras empezábamos a babear.
La primera vez que oí a Ana Rosa Quintana decir que a Nueva York había que ir una vez al año, como mínimo, pensé que era la mujer más tonta del mundo y parte del universo. Cuando fuimos por primera vez, en el año 2000, antes del terrible y multitudinario asesinato de las torres, me hice absolutamente fan de ella y solo lamenté no tener su capacidad económica para seguir su consejo. Esta ciudad, como Madrid, hace que te sientas un ciudadano más desde que pones un pie en la 5ª, como si hubieran veraneado habitualmente o tus padres fueran intimos de Woody Allen.
Tras obligarnos a pasar por Times Square para ir al hotel, llegamos al edificio. La entrada y la fachada calmaban los miedos. Un buen hall, con su portero elegante y un amplio pasillo que llevaba a los ascensores lo iba ratificando. Abrimos la puerta de la habitación y.... perfecto!!!. Un salón  con un gigante sofá cama y cocina americana,  un gran dormitorio, con cama king, de esas en las que podríamos haber dormido los cinco y un buen baño, todo en tonos blancos, Juanjín podía respirar tranquilo: primer acierto. Por si vais por ahí os diré que se llama Times Square Place, que nunca está de más la información.
Volvimos a la calle para cenar y empaparnos de ciudad. La peque comió su primer hot dog de carrito, para ir preparando su estómago después del viaje y la enseñamos la gran noria de Toys´R´us, aunque ya no pudimos subir porque era tarde.
El sábado, después de un desayuno de Starbucks en la habitación, fuimos a por entradas para un musical al TKTS del Downtown, que son igual, a mitad de precio pero hay menos gente. Aunque no sale tirado, porque las entradas que venden no son las baratas, sino los buenos sitios, vale la pena. Otro problema es si quieres ver un musical concreto, porque igual no quedan entradas, pero si tienes varias opciones, como era nuestro caso (y suele ser el de todo el mundo) es algo a recomendar. Conseguimos entradas para Billy Elliot. La primera opción era Mary Poppins pero fue imposible conseguir las cinco juntas. Junto al puesto hay un parque fantástico, con estanque incluido para el baño de los peques, y no tan peques y con un montón de juegos que hizo las delicias de la pequeña mientras el padre hacía cola y los mayores se dedicaban a visitar las tiendas de la zona: Abercrombie y GAP, principalmente. En el viaje de Octubre hemos podido ir a Mary Poppins, lo que os digo para que no dejeis de verla, si os pilla de paso, porque vale la pena.
Ya con las entradas, comenzamos nuestro recorrido mezclando compras y turismo: Distrito financiero,Soho, Village, Litle Italy, China Town, búsqueda del Store de Paul Frank, para complacer a la mayor, más compras, fotos en todas las esquinas, perritos de camino.... una tarde perfecta.
El musical resultó mejor de lo esperado. La música fantástica, muy coral y aunque la peque y yo somos las que más problemas tenemos con el idioma, a mi me resultó bastante cómoda y la niña la entendió porque se le caían unos lagrimones tremendos y me decía: mamá es que es muy triste, muy triste...
Al salir vimos que estaban saliendo inmediatamente los actores por lo que esperamos un ratito. La niña decía que quería una foto con Billy, por lo que el padre se preparó para pedírsela y en el momento en que el niño se preparó...Caro dijo que ni de coña. Menudo cachondeo de los mayores al ver al padre posando con el prota, como su fuera un fan de toda la vida, con su sonrisa congelada prometiendo estrangularlos en cuanto acabara el dulce momento.
La tensión se disipó con la pizza de Sbarro, que aunque está fría como un témpano, apunta maneras y en algún momento de su existencia debió ser un alimento digno. Más paseos, mas fotos en Times Square, que si el vaquero de siempre, que ahora también hay una vaquera, un predicador prometiendo salvarnos del infierno y mil anuncios iluminándolo todo, fantástico.
Un punto en contra del tema del apartamento es que no te guardan el equipaje el día que marchas por lo que el domingo tuvimos que hacer turismo con las maletucas todo el tiempo. !algo malo tenía que tener! Pero bueno, aquí todo vale la pena, las ruedas funcionaban bien y tampoco llevábamos mucho equipaje por lo que seguimos nuestro camino y quitando los miradores del Empire y del Rockefeler, que ya los habían conocido los mayores, no nos quedó nada por ver. Esta vez no fuimos a una misa en Harlem, pero es algo totalmente recomendable. Eso sí, no ir a las de turistas, que son como un circo. Vale la pena la de Canaan, una iglesia baptista en la que entras una vez que los fieles han ocupado sus sitios y que no sé lo que dura porque nosotros la dejamos a la hora y media, pero ni mucho menos, había acabado. Está a la altura de la 125, por encima de Central Park. Luego se puede comer en la zona, llegando al parque, que ponen una especie de mercado con puestos de comida étnica, estupendo.Pero esta vez, tras visitar el punto Imagine, que era algo indiscutible, continuamos el paseo por la 5ª para deleite de la peque, que no había quien la separara de la colección de barbies de FAO.
En la segunda visita, con la familia, en Octubre, aparte de profundizar un poco más en la zona del Village, que es maravillosa y de acabar de hacernos amigos del señor Visa, que es muy amable, hemos conocido algún sitio más de comida para recomendar. Mi cuñado se traía en la chuleta las recomendaciones de Carlos Herrera y yo las comparto porque han sido un acierto. Cenamos en P.J. Clarke´s, situado en la esquina de la 3ª con la 55, un lugar en el que, al parecer, ha cenado en varias ocasiones con Abellán y que tiene unas hamburguesas dignas de un rey. Yo no lo puedo confirmar porque odio la carne picada, pero mis compañeros de cena lo ratificaron y el grilled cheese con pasas que tomé, bien valía la visita. La decoración "tradicional", madera, y el buen ambiente animado con un partido de los yankees, que hacía saltar hasta a los camareros más serios cuadraron el círculo para conseguir una noche perfecta.  Otro lugar recomendado, que visitaron, fue el J. G. Melon, al parecer, el preferido del periodista y cuyas hamburguesas  parecen ser las más jugosas de la ciudad. El Katz´s deli es el restaurante del famoso orgasmo de Meg Ryan en la peli de "cuando Harry encontró a Sally". Intentamos comer ahí el domingo, pero la cola era tremenda. En cualquier caso, lo incluyo entre las recomendaciones. Está muy cerquita del Soho y ponen el sandwich de pastrami más famoso de la ciudad.
Bueno, en ambos viajes, la vuelta era obligatoria y nos dirigimos hacia el autobús. En el primer viaje, ya nos habíamos preparado para la vuelta y además de las prendas que habíamos comprado, llevaba preparadas unas preciosas toallas de playa que había comprado y que  nos hicieron de manta, para vergüenza de mis adolescentes a pesar de que consiguieron hacernos la vuelta mucho más confortable. Por supuesto, en el viaje de octubre, como ya ha empezado el frío, el problema del bus ha sido el contrario y hemos pasado un calor horrible con la calefacción, haciendo el viaje en manga corta continuamente, pero bueno, aquí ya no me ha pillado desprevenida, que unos meses en el país te hacen ir espabilando.







sí, la incluyo porque es una tienda de Jaime Mascaró en pleno Village. Ole el calzado español!!!!!
Se había acabado el fin de semana, pero ya teníamos preparado el próximo: Niágara. Esto empezaba a rodar.....

lunes, 18 de octubre de 2010

LAS MIL ISLAS

El último día me había quedado en el inicio de nuestros pequeños viajes dentro de este gran viaje. Iba a comenzar por nuestra visita a NYC, pero, ese mismo fin de semana volvimos a salir y, hoy, lunes, estoy de regreso de la segunda visita en este tiempo a la misma ciudad, NY, por lo que vamos a hacer pequeños saltos en el tiempo, ya que lo que hemos visto estos dos últimos fines de semana vale la pena intercalarlo en el relato.
Viendo que se acercaba el otoño y que aquí el concepto "está refrescando" no tiene comparación con el español, decidimos que las excursiones largas había que realizarlas rápidamente, antes de que la nieve nos asustara. Cuando estuvimos con Alberto y family en Niagara (no, todavía no lo he contado), nos comentaron que valía la pena ir a una zona conocida como las Mil Islas, en Ontario. Aquel viaje no permitía más extras de tiempo, pero Juanjín nos preparó otra excursión a Canadá, para que no nos quedásemos sin conocer el lugar.
El viernes 8 (octubre) salimos de Boston a eso de las cinco y media con una ruta prevista de cinco horas de coche hasta Siracusa, ya muy cerquita de la frontera. Por alguna razón todo Massachusets había decidido ir en la misma dirección por lo que pillamos un atasco de más de dos horas que nos hizo llegar machacados al Hotel esa noche. Juanjo ya se está "másqueperfeccionando" en la elección de los hoteles. Por medio de las páginas y foros nos busca unos hoteles en la ruta, de esos pequeñinos, que nos están dando la vida. Los primeros viajes teníamos pánico de acabar en la Teta Enroscada (el de la peli, abierto hasta el amanecer), pero viendo que el acierto ha ido en aumento, se nos está quitando el miedo al hotel de ruta. En esta ocasión el hotel era un Confort Suites, fantástico, en Cicero, Siracusa.. Buenas camas, nuevito y desayuno perfecto. Todo a un precio supereconómico ¿qué más se puede pedir? Quitando el tema de la gente que baja a desayunar en pijama, todo muy glamuroso, incluso con novias preparadas para dar el sí quiero eterno. Parece ser que como el fin de semana coincidía que era 10/10/2010, mucha gente lo eligió para que la suerte les acompañara en su nueva vida de casados. Lo de las novias se repitió en los tres hoteles del fin de semana. Lo de los pijamas también. Vale que los niños son niños (los mios se duchan/peinan/lavan para desayunar) pero ver a adolescentes y adultos en pijama y con zapatillas ya da un poco de mal rollito. Pues nadie, salvo nosotros, por supuesto, los miraba. Alucinante.
Salimos en dirección a Canadá con la intención de llegar a Gananoque para coger el barco de las 12,30 pero no contábamos con la frontera. No había muchos coches, pero los suficientes para retrasar el plan de viaje. Tras las preguntas pertinentes: ¿a qué viene? ¿donde va?¿donde vive?¿lleva armas de fuego?¿a que se dedica en USA?¿lleva algún tipo de sustancia explosiva?¿cuanto va a estar? y nosotros: a hacer turismo,/a gananoque/ ¿que? no, no, no llevamos armas, por dios/ soy medico/ no, hombre, no llevo sustancias......qué barbaridad ¿pensarán de verdad que un terrorista internacional va a caer de rodillas, llorando mientras dice:Oh, si, lo siento, llevo doscientas metralletas en el maletero, cuanto lamento ser tan mala persona? Yo todavía es algo que no entiendo.
Bueno, tras la estupenda conversación nos dio tiempo a ver cómo se iba nuestro barco para alegría de mi pequeña, que tras su última experiencia (no, no lo he contado), no tenía ganas de barco. Empezamos tomando posesión del hotel, para quitar bultos, esta vez un Holiday Inn Express, impresionante. Me imagino que por el clima, todos los hoteles tenían piscina cubierta y spa, tremendo, pero lógicamente, no habíamos pensado en baños con el frio que había anunciado. Qué le vamos a hacer. La peque ya quedó tranquila con una comida en una pizzería gigante totalmente vacía (os prometo que aquí hay una crisis del carajo, aunque no lo digan) y fuimos convenciendola, camino del barco, de que un río no tiene nada que ver con el mar y que no se iba a poner a la muerte. Efectivamente, subimos al barco para el paseo de las 3 y media. El viaje dura dos horas y media por el río San Lorenzo y se trata de hacer un recorrido por lo que llaman las Mil Islas. Como os podeis imaginar, es porque hay mil islas y el río en cuestión, podría ser un oceano de las dimensiones que tiene. Quitando el frío que pasamos por el empeño en verlo todo desde la cubierta superior, maravilloso. Son pequeñas islas (las hay que sólo tienen una casita y un arbolito), habitadas en medio de aquella inmensidad. Unas pertenecen a EEUU y otras a Canadá, se las repartieron equitativamente. Valió la pena y si alguien se acerca por allí, que no deje de hacerlo.
Después del frío y el paseo, nos fuimos en el coche a ver los pueblos de alrededor y caímos rendidos en el hotel.
El domingo emprendimos el regreso hacia USA, para llegar a Plattsburg. A la llegada empezamos localizando el hotel, esta vez un Days Inn, cadena ya frecuentada y comimos  en un restaurante de típica cadena americana "la ponderosa", que te dan todo tipo de carnes y fritanga del país. No estuvo mal y por lo menos no comimos solos, aquí sí había gente que dedujimos que venían de misa a la vista de los vestidos de brillos de las niñas y los trajes tres tallas más de los señores.
Después de la comida venía la visita turística. Empezamos por las Ausable Chasm High Fall, que es una especie de ruta del cares, pero a la americana, con caídas preciosas entre montañas. Tiene la particularidad de que la explotación es privada (alucinante), y en los foros te informan de que el paseo completo no vale la pena, dado que la caída principal es visible desde la carretera, por lo que así lo hicimos como el montón de gente que estaba en el puente fotografiando la cascada. 
Continuamos el paseo hacia las High falls George, que también son de explotación privada. Aquí había que entrar porque no son visibles desde ningún lado, pero para vuestra información, a las cuatro treinta es el último pase, por lo que, por minutos, no nos dejaron entrar.
 Pues nada, a seguir ruta. Nos dirigimos a los pueblos de  Lake Placid y  Lake Saranac. El primero os sonará como sede de los juegos olímpicos de invierno en varias ocasiones. Lo gracioso es que el lago de Lake Placid el el lago Mirror, cosas extrañas. Los dos pueblos preciosos, los lagos impresionantes, y la manía de poner las casas casi encima, aparte de ser un atentado a la naturaleza, precioso. Parecía una continua postal con sus barquitas, las luces, los faros, los reflejos, precioso. Cenamos en Lake Placid, que ha sabido utilizar el tirón de los juegos y está lleno de tiendas y chiringos para comer.
El lunes era el día de vuelta, pasando por Vermont, que es la zona más impresionante en el tema de la hoja. En esta etapa teníamos que volver a cruzar el río pero esta vez en un ferry, con el coche. Y qué quereis que os diga, que seremos un poco de pueblo, pero íbamos encantados de la vida de la novedad ya que era la primera vez que usábamos un invento de estos. Continuamos hasta Burlintong, que es un pueblo precioso, pequeño, pero el más grande del estado, aunque la capital sea Montpelier. Estuvimos paseando y comiendo y conocimos a una familia que nos paró al oirnos ya que la mujer era una catalana que llevaba 14 años viviendo en Providence (ya os contaré dónde está, que tambien lo hemos conocido). Vale, sí, también fuimos de compras, pero fue sin intención, es que en la calle principal había un "mall" con unos descuentos que te mueres, así que para no fallar con la tradición de todas las salidas, volvimos cargaditos.
Con el colesterol por las nubes y molidos del viaje y del atasco a la entrada, llegamos a brookline, que  creo que hemos conseguido que se convienta en nuestra casa o por lo menos, eso creo ,porque es lo que decimos al regreso: !por fin en casa!



































viernes, 8 de octubre de 2010

REVERE BEACH

El calor seguía dejándonos hechos una piltrafa, dado que el grado de humedad es elevadísimo en esta ciudad. Entre ríos y los famosos lagos, aquí hay agua para abastecer a toda Africa. No localizábamos piscinas públicas descubiertas, porque de las otras tenemos una a dos pasos, pero lo que en España llamamos "la piscina" , pues como que no. El día que nos había acompañado la suegra-casera a trasladarnos a la casa habíamos visto una, pero no la localizábamos, y en cualquier caso, no era muy apetecible porque se veía junto a la carretera y consistía en un rectángulo cerrado por una malla metálica, donde se ubicaba la pisci dejando un pasillo perimetral de aproximadamente 3 metros, con lo que te bañabas sí o sí; no se podía hacer otra cosa.
Mirando en mi amigo google, las playas chachis se situaban a una distancia considerable y no tenemos coche, porque para el día a día no tiene sentido (juanjo y los niños tienen sus trabajo-colegios a dos pasos y para mis compras, como que era excesivo) y para los viajecitos, pues lo alquilamos y listo. Nos informaron de una playa "urbana" a la que podíamos ir en el metro y decidimos explorar. El recorrido tenía un transbordo, que según te fuera el día se convertía en un punto de reflexión, pero bueno, al fin y al cabo, no teníamos prisa. Preparamos los bocadillos, patatitas, agua y venga, a nuestra línea verde. Parece que tarda, normal, a media mañana la frecuencia mengua, al igual que la longitud de los trenes, con lo que acabas, igualmente, hacinado entre un montón de gente. Transbordo en Goverment Center, música del clon de Frank Sinatra, que es un hombre negro, ya mayor, que se pone un karaoke con la música y canta que te mueres, y a coger la línea azul, que es la del aeropuerto. De hecho, la playa está tres paradas más lejos que la del aeropuerto, osea, en "casaeldemonio". No había dicho el nombre, la playa es Revere Beach, por si os pasais por aquí. Al llegar a la estación sólo tienes dos opciones: la avenida del oceano y la de la playa. Dios, será una trampa. Efectivamente, nos equivocamos en la elección, pero no ha sido tan grave. Cruzamos y ya estamos en la playa. Bueno, no tiene mala pinta. Es grandísima, la arena es blanca y luce un precioso día. La gente se sitúa a una distancia prudencial de la orilla y sospechosamente, en toda  su longitud se podría contar a los pocos que están dentro del agua. Nos paramos a ver las figuras de arena ganadoras de un concurso reciente que nos hicieron pensar que igual habíamos viajado en el tiempo-espacio y volvíamos a estar en cualquier playa del Sur de España. De pronto sentimos como si nos pincharan mil agujas. Caray con el viento, esto no podía ser Marbellita, la leche cómo azotaba el aire en la playa. De hecho, la colocación de las toallas consistió en un arduo trabajo de organización de pies, coloca la bolsa, pies, coloca la otra, pies, caro, quita, que lo has llenado todo de arena..... Enseguida nos dimos cuenta que no valía la pena y que mejor nos untábamos corriendo para ya sentarnos y rebozarnos tranquilamente. La peque se partía porque no había forma ni de hablar sin tragar kilos de arena. Decidimos ir al agua. Ja, me río del agua gallega. Aquí no es que te duela el agua (expresión que cualquier gallego entenderá), es que parece que te amputan instantáneamente la parte sumergida. Yo fui incapaz de darme lo que se llama baño hasta el tercer día. Los niños, como tales, pudieron desde el primero. Bueno, ya incluso íbamos a la playa, esto iba rodando.
Una de las cosas que nos ha llamado la atención de esta ciudad, y luego hemos ido viendo en otras que hemos visitado, es la sensación de soledad o individualidad, o como quieras llamarlo. Es normal ver a una chica joven, un sábado, de compras sola en un centro comercial (¿dónde están tus amigas, guapa?), a un chico tirando canastas como en las pelis, pero absolutamente solo (¿y el resto del equipo?), y por supuesto, a hombres/chicos/mujeres/chicas comiendo y cenando solos como la una. Todos ellos, eso sí, con su pinganillo al oido, pero absolutamente solos. Las relaciones deben ser más complicadas. Esto viene al caso porque uno de los días que estábamos en la playa, a la que nos íbamos, ví como un chico miraba a Paula y antes de que me diera tiempo a reacionar le estaba diciendo que le gustaba y que si le daba el teléfono para verse algún día. Antes de que mi criatura pudiera responder le dije que como se atrevía a hablar con mi hija(realmente, yo no había entendido todavía lo que le había dicho, pero, vaya, que no me había gustado la miradita) y que qué se había creído, que eramos ESPAÑOLAS (chúpate esa, como si con esa afirmación le estuviera dando una superclase de estilo) y que ya se podía ir largando. Todo ello con un tono (que yo creo que fue lo único que me entendió) que era suficiente para asustar al más pintado. De echo, el chaval marchó sin decir palabra. A todo esto me había dado cuenta de que un chico que estaba sentado en el muro de piedra, con una pinta de las de salir corriendo si le ves por la noche en una calle oscura (rastas, ropa cinco veces más grande, gafas extrañas...)  ya se había levantado para increpar al chaval y al ver que se iba me sonrió asintiendo   a lo que yo, que ya me consideraba casi americana, le contesté con un ok de esos de mano, subiendo el pulgar. Alucinante. Pues al rato, vimos a ese chico acercarse a otra niña-chica (no más de 17 años) y, si bien no oímos la conversación (para lo que me vale a mi) observamos cono la niña sacaba el móvil y se lo mostraba mientras él marcaba en su teclado, vamos que le estaba dando el número. ¿Son o no son raros relacionandose?
Bueno, en cualquier caso, seguimos visitando la playa más días, comiendo más arena que bocata y quedándonos al borde de la amputación total de extremidades, pero al menos era una playa. Lo peor era la vuelta, que con el frío del metro el agua del pelo húmedo parecía que se congelaba y hasta que no llegabas a casa y te azotaba el golpe de calor no volvías a la vida.
Las visitas a la playa hicieron que esos días los paseos de tarde empezaran más ídem, dado que las duchas al llegar retardaban la salida. El pobre Juanjo que ya comía con horario americano se nos moría de hambre, pero aguantó el tirón del verano como un jabato. Seguíamos con nuestra exploración del entorno y las visitas a centros comerciales para comprar ropa que entre las ofertas, rebajas, outlets y cambio de moneda te quedaba a un precio que querías llevartelo todo, de forma que, sobre tódo las chicas de la casa, recuperábamos el poco glamour que nos quedaba. También seguíamos pillando mojaduras por las tormentas a última hora, volviendo a casa como auténticos guiñapos. Tardamos tiempo en acostumbrarnos a meter los paraguas enanos, adquiridos en la primera mojadura, en los bolsos...
Ya llevábamos casi un mes y el próximo fin de semana íbamos a empezar con las excursiones de exploración mas allá de la ciudad, que a veces  se han prolongado un poco más del propio fin de semana y que ya serían un clásico hasta el día de hoy. Pero esta era especial... volvíamos a Nueva York. Dios, como me gusta esa ciudad!!!!.

miércoles, 6 de octubre de 2010

LOS CHORROS

Me iba a ir de compras al centro yo solita, que es algo que tengo ganas de hacer, sin niños que se quejen ni enanas que no paren de cogerlo todo (incluida la ropa interior de Calvin Klein, que es el expositor que mejor le pilla de altura) y gritar como posesa !mamá, esto lo quiero!!!!¿me lo compraaaaaaaaaaaaaaaaaassssssss?, porfa, porfa, porfa, porfaaaaaaaaaa; pero resulta que llueve de nuevo y he pensado que dejaré la visa  a reposo y me dedicaré a mis nuevas aficiones.
El redescubrimiento de la cama como elemento para el descanso humano mejoró considerablemente mi humor, y esto, unido a la paulatina desaparición del olor a gato (ya no me quedaba un textil que lavar) hizo que nuestra vida empezara a parecer casi normal. De momento no había mucho entretenimiento en casa dado que la tele solo tenía dibujos a primera hora y la play no funcionaba en este pais. Necesitaba nosequé drivers o vete tú a saber, para desgracia de mi pobre hijo. Nos dedicábamos a ir a comprar las mil cosas que te van haciendo falta (en mi caso son dos mil: por algún defecto congénito necesito ver la despensa llena de todo lo que "me puede hacer falta", término que siempre ha dado lugar a discusiones dialécticas) y paseábamos.
Lo de las compras, al principio nos desconcertó bastante. Como durante la primera semana y parte de la segunda comíamos siempre en fuera, nos había llamado la atención que la comida era más bien barata  habiendo llegado a comer los cinco por treinta dólares. Al empezar a llenar la despensa nos impresionaron los precios de los alimentos como el aceite, la leche, los huevos, los yogures. ¿Como se entiende que un yogur individual (se venden por separado) costase un dolar?. Empezamos a pensar que ibamos a tener que pedir un crédito para alimentar a los churumbeles, pero buscando y buscando dimos con un super que se ha convertido en mi MERCADONA (ay, mi mercadona) de referencia. Aquí ya puedes comprar a precios más lógicos y, aprovechando las ofertas (me he hecho una superexperta), ya ni te cuento. Todos los super te dan tarjetas de esas de fidelidad, con lo cual, tenemos la cartera  y los llaveros que  nos revientan de tarjetas, y así consigues descuentos y promociones. El problema suele ser que para obtener buen precio hay que comprar cantidades grandes, con lo cual, ya no es sólo mi despensa, sino mi congelador el que está preparado para la hambruna más impresionante que os podais imaginar. La parte buena es que este super es el más cercano a casa.... la mala es que nos pilla a 20 minutos caminando a buen paso. No hay  nada más cerca, salvo la tienda de mi indio preferido y la tienda de licores, tiendaque nos ha dado grandes momentos al proporcionarnos la ginebra (hemos vuelto al larios, jajajjaja) para los gin tonics en el porche durante las noches del verano.
Los paseos, además de la exploración de los lagos del entorno, tenían la parada obligada en los parques, para el esparcimiento de la peque. La pobre ha sufrido mucho con esto del idioma, porque cuando la decían algo volvía enfadada hacia nuestro banco diciendo que no entendía a los niños, y estos a su vez, la miraban con mala cara al ver el remango con el que los había dejado con la palabra en la boca. Poco a poco se fue acostumbrando y dejó de mirarlos como si la insultaran cada vez que se dirigían a ella. 
El parque que más hemos frecuentado es el que se encuentra junto a la High School a la que iban a ir los mayores. Realmente, la zona de campo de fútbol y beisbol tiene carteles que te informan de la obligación de dejarlo libre si se están realizando actividades del colegio, pero como era verano, no se daba el caso.
El parque es un rectángulo perfecto. Al fondo, en uno de los lados menores, se sitúa el edificio principal de la High School. En esta parte es donde está la zona de campo de fútbol (más que nada, porque hay dos porterías). En el lado izquierdo mirando hacia la High, se encuentra la estación del metro, en superficie ,y más edificios del colegio (gimnasio, artes...) además de la piscina. Los otros dos lados lindan con la carretera y casitas como la nuestra, de las del gran torino. En el parque, junto al campo del fútbol está el de beisbol, este sí, perfectamente delimitado y con unas gradas, de esas metálicas, para poder disfrutar de los partidos. La zona de juegos infantiles se sitúa en la parte más lejana de la High y no difiere mucho de nuestros parques salvo en una zona de chorros (desde entonces nos referimos al parque, como el parque de los chorros), que al comentarlo con amigos sí me han dicho que lo han visto en el Sur de España. Nosotros nunca lo habíamos visto. Consiste en un espacio cuadradado con un surtidor en cada esquina, que se pone en funcionamiento manual desde el exterior, para deleite de las criaturas, que a falta de piscinas descubiertas, se pasaban el día a remojo. Y no sólo los niños, a veces los padres se ponían en bañador,  provocando una imagen desconcertante al ver a aquella mujer, más que entrada en kilos ,en bikini  a 20 metros de la carretera por la que pasaba la gente correctamente vestida. Dios, qué cosas más raras se ven por aquí. Por supuesto, parte de la integración consistió en llevar a la niña con su bañador y toallita, como quien baja a San Lorenzo, incluso, a veces, volver a casa sin cambiar, con la toalla sobre los hombros.  
¿que os decia?

Nosotros solíamos sentarnos en un banco mientras la peque iba a la zona de juegos.y a los chorros. No dejaba de sorprendernos la visión general desde nuestro puesto privilegiado: a nuestra derecha,  el gran edificio de la High School, la zona deportiva, con cuatro amigos jugando al fútbol (el mundial hizo su efecto), y un partido de beisbol en marcha, con su público en las gradas. A nuestra izquierda, los niños jugando en los toboganes, columpios y saltando y gritando como locos al mojarse en los chorros, como si les hubiera pillado de sorpresa, a pesar de llevar dos horas realizando la misma operación. De frente el tren llegando y marchando, constantemente.... las casas típicas, la luz de las 7 de la tarde, que provocaba un reflejo fantástico sobre el césped y una especie de bruma en la zona de agua que hacía del paisaje un momento exacto de cualquier típica película americana. Muchas veces nos reíamos al comentar que faltaba sólo la banda sonora (esto nos pasa frecuentemente) y que parecía que en cualquier momento las puertas de la escuela se iban a abrir de par en par para dejar paso a John Travolta, en la estación  se iba a desarrollar un rápido tiroteo, el partido de beisbol iba mezclarse con unos fornidos muchachos de fútbol americano y las pequeñas del "Color Purpura" iban a jugar juegos de manos tras la bruma de los chorros. Vivíamos en medio de una película americana de lo más tradicional. Hemos llegado a la conclusión de que lo mejor que hace el cine americano es plasmar el ambiente, porque, realmente lo clavan.
Llegaba el domingo y ese día era especial porque era el primer cumple que nos pillaba en el nuevo mundo: mi cumple. Y una edad, de las de celebrar, que por supuesto, no voy a mencionar, total, todo el mundo lo sabe. No soy dada a depresiones de edad, pero la verdad, el momento no ayudaba....solitos, en el extranjero, yo envejeciendo, qué quieres, tenía mi puntito de nostalgia. Con lo que me gustan a mi las celebraciones familiares y no nos teníamos más que a nosotros mismos. Para colmo, como no había zaras, perfumerías, ni nada que se parezca cerca ya me habían advertido que lo del regalo, mejor para otro momento. El sábado por la tarde habíamos ido de compras al centro y no me llamó la atención que nos separásemos en dos grupos, para ganar tiempo. Cuando por la noche me sacaron la tarta de super, aduciendo que en España ya era mi cumple, me sorprendí al ver cómo la posibilidad de no tener un regalo me entristecía como a una colegiala, para cachondeo de mi legítimo que no hacía más que repetir ¿pero de verdad te parece mal que no haya regalo? ¿no ves que no sabía dónde cogerte nada? anda, mujer, no seas cría. Esto no hacía más que transformar mi tristeza en cabreo. Sería posible que no me hubieran comprado ni un puñetero geranio? Dios, que desgraciada soy, sola, en un pais extranjero, limpiando todo el puñetero día, sin maquillarme (ya sabeis, lo de los churretes) y para colmo, más vieja, serán cabrones!!!. Cuando aquello se iba a transformar en una auténtica escena de Almodovar y yo iba a montar una que me río yo de Carmen Maura, apareció Paula con un paquetito de Macy´s (si sería tonta, que no se me ocurrió que iban a aprovechar la tarde) con mi colonia preferida y un neceser de esos que te regalan con productos miniatura para que se te pase el disgusto de lo que has pagado por la puñetera colonia. Mi bipolaridad quedó claramente diagnosticada en el momento en que apareció el regalo; se acabó la desgracia, la soledad y además, que coño, he adelgazado y estoy más mona que hace tres años. Inmortalizamos el momento con una foto, tras descubrir, despues de dos años, que la cámara tenía la función esa de disparo retardado...

La celebración contunuó con una comida al día siguiente en la zona antigua del distrito financiero. Es un local típico en el que, además de lo que vamos a llamar, la típica comida americana, se ofrece la especialidad de esta zona, que es el lobster. El bicho en cuestión viene a ser como el primo pobre de nuestro bugre, con mucho menos sabor, pero como el precio es de coña, no te sientes tan defraudado y por lo menos, quitas la gusa. Aparte de las coñas sobre geriatricos y chistes recurrentes, se puede decir que finalmente valió la pena poder recordar para siempre que mis...........años los celebramos en medio de esta fantástica aventura.

lunes, 4 de octubre de 2010

TRES MESES

Hoy es 4 de Octubre y han pasado tres meses desde nuestra llegada. Realmente ya queda menos de lo que hemos pasado, pero como os he empezado a contar tarde nuestras vivencias, este comentario, probablemente, resulte extraño. Es complicado transcribir las notas tomadas en su momento porque siempre me ha sido difícil escribir al dictado y las sensaciones no son las mismas. Hoy ha amanecido un perfecto día de otoño y hace que resulte difícil recordar el calor, el sudor, el jaleo en casa con los niños todo el día en los días de verano.... ayer acabó el verano, en el mismo momento en que coloqué botas a todo el mundo en casa. La música de fondo son Los Miserables, en una emisora a la carta que me he creado gracias a mi teacher, que se pasa el día contándonos lugares en el amplio mundo internauta y el café se me ha quedado frío. Esto no promete un relato jocoso.....

Ya llevábamos más de dos semanas viviendo en la ciudad y una residiendo en lo que sería nuestro nuevo hogar. Los días pasaban entretenidos en la profunda limpieza y mis recuerdos hacia los familiares de los antiguos moradores. Los niños trataban de no sobrealterar mi humor, que pasaba de la risa al más profundo desánimo ante la duda de si aquella casa olería en algún momento a nosotros y no a aquella mezcla de polvo, grasa, humedad y ¿gato? sí me empeñé en que olía a gato y no paraba de echar productos de esos que absorben olores mientras limpiaba, pero aquel extraño olor tardó en irse. Las tardes las ocupábamos explorando el entorno y para cachondeo familiar, a mi santo le dio por buscar todos los lagos existentes en la zona. Cada tarde buscábamos uno, a cual más grande. Cuando salíamos a la calle y decía ¿dónde vamos?, hasta la pequeña decía ¿no quieres que busquemos otro lago?, con el consiguiente cabreo entre las risas de todos. 
Empezábamos a darnos cuenta de que aquello no eran unas vacaciones, porque las dos primeras semanas, entre paseos, cuatros de julio y turismo se habían parecido mucho, pero aquello ya empezaba a  acercarse más a una vida cotidiana, con un padre que se iba a trabajar y una madre de las que te cuidan full time. Sí, efectivamente, aquello ya no eran unas vacaciones, por mucho que paseasemos, aquello era real: ya estábamos viviendo en Boston.
Yo seguía durmiendo en el sofá...No, no me había enfadado con Juanjo, ese no era el motivo. Cuando nos enseño la casa nuestra amigra italiano-griego-americana ya vimos que la única habitación que carecía de cama era la matrimonial y nos habíamos imaginado que tendríamos que comprarla. El día que trasladamos el equipaje y tomamos posesión del lugar nos indicó que se le había olvidado decirnos que la cama matrimonial estaba en el sótano, mientras se dirigía hacia el tétrico lugar. Nosotros la seguimos. Abrió la primera puerta.... siguió hacia la puerta de la habitación del fondo y, sonriente, nos señaló un somier, dos canapés y dos colchones que apoyaban en la pared del fondo. Oh, Dios mío. Yo pellizcaba a Juanjo, le tiraba del pantalón, le susurraba "ni de coña, no, juanjo, dile que no, que no hace falta", pero nada, Juanjo no se enteraba. ¿Porqué los hombres, o no se enteran, o te preguntan en alto "qué dices, cariño"? Así que me vi ayudando a mi amiga y a mi querido a subir todo aquello, sacándolo por la puerta que comunicaba el sótano con el yard (era imposible subir la escalera posterior) y arrastrándolo por el camino lateral de la casa para meterlo por la puerta principal, hasta el dormitorio, donde lo montamos y quitamos la mayor parte de la porquería adquirida.
Me tiré casi dos semanas observando aquella cama. La aspiraba y requeteaspiraba. La echaba el chisme de los olores.... pero nada. Aquella habitación apestaba a humedad, lógico, porque ésta se notaba incluso al tacto de los colchones. Cada noche, Juanjo decía: ¿hacemos la cama? y yo: no, deja, espera otro poco, a ver si se le va el olor... pero no se iba. Despues de más de una semana durmiendo en el sofá, Juanjo en la habitación pequeña, los tres niños en la litera y tener aquella habitación en eterna ventilación sin ningún resultado, decidimos que había que comprar una cama y en ese momento la volvimos a guardar donde no debería  haber salido, haciendo el recorrido inverso: en el sótano.
Con la tranquilidad que me daba saber que no dormiría en aquel lecho de ácaros, ya estaba más tranquila y decidimos que iríamos a IKEA. Sí, aquí también tienen esa maravilloso y adictivo comercio. Estudiamos la ruta en Google Maps, que luego ha sido nuestro eterno compañero de aventuras, pero, por alguna extraña razón, aquella vez, nos falló. Nos indicaba que deberíamos coger el tren, un autobús y caminar un poco. No importaba, no hacía falta traer nada en la mano, nos lo traerían a casa.
Salimos felices, el sábado, y cogimos nuestro tren y en la salida ya estaba el autobús. Fantástico todo iba perfecto, iba a por mi cama. El conductor no parecía saber dónde estaba IKEA, bueno, no importa, será que no se entera. El niño está mareado. Aguanta, venga, que no será lejos. De pronto, nos dice algo ¿que tenemos que bajar? Si venga, que la linea se acaba aquí. Por lo visto, ese mismo autobús tiene dos versiones de línea y esta era la corta. Nos dice que esperemos, que cojamos el que llegará que continúa hasta el punto que había dicho mi amigo google. Y ahí nos tienes, debajo de un árbol, con el niño mareado, en una carretera de cuatro carriles, junto un núcleo de comercios de venta de automóviles y similares, cuatro casas y sin saber dónde estábamos y hacia donde ir.
Despues de media hora, sin saber la frecuencia del bus, si llegaría o no o si había caído una bomba de neutrones y eramos los únicos supervivientes Juanjo decidió acercarse a un local de esos de comida rápida que había junto al comercio de coches. Yo, atacada, por si en ese justo momento pasaba el autobús fantasma, despues de casi una hora de espera, pero no. Le dijeron que IKEA no estaba tan lejos y que lo mejor que hacíamos era coger un taxi. !Eramos cinco! nuestro gran problema a la hora de coger taxis... Llegó un hombre encantador que hizo como que no nos contaba y por fin, nos llevó a nuestro destino. Bueno, antes de subirnos limpió los restos de su almuerzo del asiento del copiloto y guardó la hamburgesa empezada en el maletero. La extraña bebida de color azul (luego las hemos visto de mil colores diferentes) se quedó junto a él. Ya eran más de las dos de la tarde... desde luego nos estaba costando un gran esfuerzo dormir como personas. A partir de este fin de semana empezó nuestra cordial relación con las empresas de alquiler de coches, normal.
Después de haber tenido que cambiar el modelo, porque lógicamente, la oferta del catálogo se había acabado y hasta agosto no llegaría otra remesa, deshicimos el camino de una forma mucho más ordenada, al llevarnos el taxi directamente a la parada del tren, con la promesa de que tendríamos la cama en casa al día siguiente. 
Efectivamente, tras una llamada para avisar de un pequeño retraso, la cama llegaba al mediodía del domingo y Juanjo se ponía manos a la obra con su primera cama de IKEA. La paella sirvió para dar ánimos a la hora de interpretar las famosas instrucciones y por fin tuvimos cama. Creo que nunca me hizo tanta ilusión una compra ni me pareció tan maravillosa y cómoda una cama. Siempre te dicen que dejes el colchón un día sin usar, para que recupere su forma y todo eso. Por supuesto, no hicimos ni caso y esa misma noche DORMIMOS EN UNA CAMA. 

Bueno, las cosas ya empezaban a ir mucho mejor y aquello, definitivamente, despues de la paella y la cama empezaba a oler a casa, a nuestra casa.......

Ya no llueve....parece que al final va a salir el sol,

viernes, 1 de octubre de 2010

CAMPEOOOOOOOOOOONESSSSSSSSSSS

El domingo nos levantamos entre la duda de ver el futbol en casa o bajar a verlo al bar que se había convertido en nuestro amuleto, el whiskey´s, frente al Prudential Center. La duda era lógica. En la casa había, aparte de la tele gigante del sótano (ni de coña), dos teles en el salón (sí, dos, gigantes, sólo habíamos visto una porque la otra estaba dentro de un mueble con puertas), otra igual en nuestro dormitorio, y una pequeña en la cocina. Las del salón ya están destinadas, una a la play y otra a televisión y la del dormitorio, está casi de adorno. La de la cocina hemos decidido desterrarla en la habitación de los mil recuerdos del sótano, lo que ha mejorado considerablemente la conversación familiar. Bueno, mucha tele, pero como no teníamos todavía ningún tipo de contrato por cable, no estábamos seguros de que en los canales básicos fueran a emitir el futbol y ante la duda decidimos bajar al centro. No se nos ocurrió que el fútbol fuera a levantar tantas pasiones y habíamos perdido demasiado tiempo hasta salir de casa, con lo que nuestro amable camarero nos informó que ni de coña íbamos a poder comer aquel día. Ohhhhhhhhhhh, mi santo empezaba a blanquear por momentos mientras recorríamos Boylston, en busca de algún sitio para comer viendo el partido. Dios, era la final, y nosotros, de paseo. La situación se ponía tensa y había cola en todos los sitios hasta que llegamos a un restaurante en el que nos hicieron un hueco, pero quedábamos casi debajo de la pantalla. No importa. Nos fuimos haciendo los locos y moviendonos poco a poco, y así lo fuimos viviendo. Las pasiones estaban divididas y yo, tonta de mi, creí que los paraguayos de al lado estaban con España hasta que el imbécil del niño inmenso celebró un error de Villa. Encima, el enemigo al lado, porque lo de la señora del fondo de la camisa naranja, ya era más evidente, pero el mocoso ese, ¿qué se le había perdido en Holanda?
En cualquier caso, el ambiente mayoritariamente era proEspaña, y a la vez que aumentaba la tensión, lo hacia la conversación con todas las mesas cercanas. Se nos pusieron al lado otra familia de esas que hay un poco de todo. Los hijos parecían españoles, pero los nietos eran claramente americanos. La abuela nos dijo que era española, pero parecía cubana y el marido era americano, pero parecía de madrid, un lío. Estos sí estaban con España, como locos, con lo cual, los límites entre mesas se iban disipando y parecíamos una masa conjunta al borde del infarto. Yo salía a fumar en los descansos, porque aquí no se fuma ni en las terrazas y seguía confraternizando y mirando mal a los rivales. El camarero, hispano, no daba a basto a ponernos agua y cervezas. Nos iba a dar algo... aquello podía acabar en tragedia. Y de pronto el gooooooooooooolllllllllllllllllll. Dios, que saltos, qué besos, qué abrazos, la gente felicitandonos, como si lo hubiéramos marcado nosotros en persona, qué pasada de exceso de alegría, que grande eres Iniesta....
Lo celebramos con una margarita, mientras se nos escapaba alguna lagrimilla de la emoción. ¿qué pasa?, una tiene su corazoncito, y los futboleros de la familia, ya ni os cuento. En España sería tremendo, pero aquí fue una experiencia impresionante. No hay absolutamente ningún político, ninguna campaña, ningún discurso que pueda conseguir la milésima parte de sentimiento nacional como lo ha hecho el deporte en los últimos tiempos. Es triste, pero es así.

Antes de la llegada dela furia española
Con esa sensación que te queda tras una emoción tan grande de ¿y ahora qué?, recordamos que en la lista IBERIA habían dicho que si ganaba España irían todos a la plaza situada junto a la Scientics Church, por lo que hacia allí empezamos a caminar, encontrándonos por el camino con gente que pitaba y nos saludaba (el niño llevaba, por supuesto, la camiseta de la selección). Jope, que corte, ni un alma. Pensamos que todos los españoles debían estar en nuestro bar y que la impresión había sido un tanto optimista en cuanto a la furia española, pero entonces se acercó un chaval en bici, que nos dió la enhorabuena y nos dijo que los españoles habían quedado en un bar de Fenway, y que efectivamente, vendrían hacia la plaza. Empezamos a hacer el camino hacia donde nos había indicado y de pronto empezamos a ver grupos de camisetas rojas que, incluso paraban el tráfico mientras cantaban lo de "yo soy español, español españolllllllll". Dimos la vuelta para regresar a la plaza y allí empezó la supercelebración. Por esa extraña e internacional razón, acabaron todos dentro del estanque. Tremendo, la mayoría superadolescentes, de esos que mandas a Boston a aprender inglés y vuelven con el mismo nivel pero con un montón de amigos en todos los puntos de España y te vuelven loco con las visitas mutuas a sus respectivas ciudades. La leche. Gritamos como locos y juré poner una bandera aquí y otra más grande cuando volviera a casa. !Que pasa! ¿No la ponen en todas partes? Debemos ser de los pocos que sólo la usamos en las victorias deportivas...!cuanto lamentamos en ese momento no haber comprado la bandera que tuvimos en la mano en la tienda del chino del Parque Infantil!
la furia española se acerca
En fín, con la adrenalina a tope, nos fuimos retirando, ya que decidimos que éramos mayores para el baño y los niños, que no tenían bastantes amigos para compartirlo. La resaca duró mucho tiempo. Todavía, la semana pasada, una chica que nos oyó hablar en el metro nos felicitó por el triunfo, esto ha calado más de lo que creemos (Zapatero, aprovecha un poco).
Las fotos del estanque las tenemos en el móvil, porque, como buena familia organizada nos quedamos sin memoria en la cámara de fotos.... No había habido tiempo para organizarnos como dios manda (realmente, nunca nos organizamos como dios manda). En cualquier caso, las podeis ver en la red, en las páginas de IBERIA y otras similares.