Tras una pausa para disfrutar la visita familiar (la única visita familiar), regreso a mis mundos, que cada vez son menos míos....
El fin de semana del 16 de octubre habíamos vuelto a la ciudad de Nueva York para encontrarnos con la familia. Este sería nuestro segundo viaje a la ciudad en esta aventura. El primero lo realizamos en el último fin de semana de julio.
Una vez instalados en nuestra nueva casa, olvidados los problemas de ácaros y comenzando a tener una normalidad relativa, nos planteamos que había que comenzar a conocer el entorno. Teniendo en cuenta que vacaciones, como tal, no íbamos a tener, dado que mi santo estaba inmerso en su jornada de trabajo normal, pero que, al menos, teníamos los fines de semana libres, comenzamos una serie de escapadas que se han ido repitiendo a lo largo del tiempo.
Por supuesto, la primera tenía que ser a NYC. Gracias a Dios, la pasión por la ciudad la compartimos toda la familia (y a partir de este viaje, incluida la pequeña) por lo que no hubo discusión sobre el destino.
Empezamos con las decisiones importantes ¿como ir?. En avión, una indecencia económica, aparte de que tampoco ahorras tanto tiempo. En coche de alquiler, impensable. Llegar no es complicado, pero los parkings te acaban saliendo casi más caros que el avión.... Quedaban el tren y el autobús. El tren es una buena opción y no es demasiado cara, pero el descubrimiento de una compañía de autobuses muy utilizada por aquí, nos hizo decidirnos inmediatamente. MEGABUS tiene un montón de rutas, entre las que se encuentra Boston-NY, y los billetes, realmente, no tienen precio fijo, porque te pueden salir desde un dolar hasta 50, 60, etc. El porqué, no tenemos ni idea, pero en función del día, de la hora y de cuando saques los billetes, el precio es diferente. Conseguimos billetes de ida y vuelta por doscientos, para los cinco. Estupendo, faltaba el hotel.
Claro, conseguir hotel en la ciudad ya no es tan fácil. Somos cinco y cuando no hay problemas de habitaciones, lo hay de precio y sinó, de zona; un lío. Nos costó más tiempo pero mi experto en relaciones hoteleras nos encontró un apartamento muy cerquita de Times Square. Las fotos tenían buena pinta pero os recuerdo que todavía no habíamos empezado a movernos y la idea de un apartamento daba un poco de miedito.
Bueno, la aventura es la aventura y esto era lo que había, así que nos encontramos con juanjo en South Station dispuestos a coger el bus de las 4:30. Ya en el ascensor íbamos con un montón de chavales que nos parecieron canarios y que se dirigieron hacia la misma cola que nosotros. Como el orden de llegada es el que manda a la hora de coger sitio, allí estuvimos esperando para conseguir los asientos del final, como cuando éramos niños, para poder estar los cinco juntos. Estos asientos están en el piso superior. En el inferior hay mesas de cuatro, está muy bien distribuido para ir con amigos, pero nosotros tenemos problemas de mareos y lo de ir en el sentido contrario a la marcha no era una posibilidad muy afortunada. Bueno, ya dispuestos, delante de nosotros ocuparon los asientos los que creíamos canarios. Resultó que eran estudiantes chilenos y no callaron ni un momento en todo el viaje. Sacaban fotos a los cuatro que estaban delante de nosotros , que eran los únicos que dormían y que no despertaron casi hasta la llegada. El momento de amistad total fue cuando queriendo convencer a uno de ellos de que le habían pintado como una chica mientras estaba dormido, se dirigieron a mi, para confirmarlo. El me miraba, espantado mientras me preguntaba si realmente estaba maquillado. Yo, ante la posibilidad de que me estrangularan los demás, asentí, para cachondeo de mis hijos, y los demás estallaron en una gran carcajada, con lo que al pobre no le quedó ninguna duda de que le habían medio-travestido. Por esa parte, el viaje estuvo muy bien, muy entretenido, pero.... Carolina empezó con los mareos al poco de salir de Boston y a mi ya no me llegaban las bolsas, un horror. El motivo principal del mareo no era el propio autobús sino el mal cuerpo que llevábamos todos por culpa del aire acondicionado. Como ya os había dicho, es una manía de la ciudad y claro, el bus, no podía ser menos. Fuimos todo el camino con una temperatura que hizo que todos los chilenos se taparan sus cuerpos y las salidas de aire con las sudaderas, pero claro, nosotros éramos nuevos en la experiencia y no llevábamos absolutamente nada de abrigo. Yo tapaba a caro con mi falda, que menos mal, era amplia, de vuelo, pero brazos y resto, nada. Muertitos de frío y pegaditos para combatirlo.
Finalmente llegamos a la ciudad, junto a Penn Station, y pisar el suelo fue un bálsamo para nuestros miembros medio congelados. A mi esta ciudad me vuelve loca. Me siento como en un parque temático por los que andas con la sonrisa puesta de continuo, con dolor de cuello de mirarlo todo y una música de fondo que aquí es más una mezcla de ruido, voces, música, coches... y la peque reaccionó como era de esperar. Empezó a mirarlo todo apuntando y preguntando de continuo: mama, mira esa luz. Papa, papa, ¿qué hace ese señor? Perfecto. Comenzamos a caminar hacia el hotel, que estaba diez calles más arriba mientras empezábamos a babear.
La primera vez que oí a Ana Rosa Quintana decir que a Nueva York había que ir una vez al año, como mínimo, pensé que era la mujer más tonta del mundo y parte del universo. Cuando fuimos por primera vez, en el año 2000, antes del terrible y multitudinario asesinato de las torres, me hice absolutamente fan de ella y solo lamenté no tener su capacidad económica para seguir su consejo. Esta ciudad, como Madrid, hace que te sientas un ciudadano más desde que pones un pie en la 5ª, como si hubieran veraneado habitualmente o tus padres fueran intimos de Woody Allen.
Tras obligarnos a pasar por Times Square para ir al hotel, llegamos al edificio. La entrada y la fachada calmaban los miedos. Un buen hall, con su portero elegante y un amplio pasillo que llevaba a los ascensores lo iba ratificando. Abrimos la puerta de la habitación y.... perfecto!!!. Un salón con un gigante sofá cama y cocina americana, un gran dormitorio, con cama king, de esas en las que podríamos haber dormido los cinco y un buen baño, todo en tonos blancos, Juanjín podía respirar tranquilo: primer acierto. Por si vais por ahí os diré que se llama Times Square Place, que nunca está de más la información.
Volvimos a la calle para cenar y empaparnos de ciudad. La peque comió su primer hot dog de carrito, para ir preparando su estómago después del viaje y la enseñamos la gran noria de Toys´R´us, aunque ya no pudimos subir porque era tarde.
El sábado, después de un desayuno de Starbucks en la habitación, fuimos a por entradas para un musical al TKTS del Downtown, que son igual, a mitad de precio pero hay menos gente. Aunque no sale tirado, porque las entradas que venden no son las baratas, sino los buenos sitios, vale la pena. Otro problema es si quieres ver un musical concreto, porque igual no quedan entradas, pero si tienes varias opciones, como era nuestro caso (y suele ser el de todo el mundo) es algo a recomendar. Conseguimos entradas para Billy Elliot. La primera opción era Mary Poppins pero fue imposible conseguir las cinco juntas. Junto al puesto hay un parque fantástico, con estanque incluido para el baño de los peques, y no tan peques y con un montón de juegos que hizo las delicias de la pequeña mientras el padre hacía cola y los mayores se dedicaban a visitar las tiendas de la zona: Abercrombie y GAP, principalmente. En el viaje de Octubre hemos podido ir a Mary Poppins, lo que os digo para que no dejeis de verla, si os pilla de paso, porque vale la pena.
Ya con las entradas, comenzamos nuestro recorrido mezclando compras y turismo: Distrito financiero,Soho, Village, Litle Italy, China Town, búsqueda del Store de Paul Frank, para complacer a la mayor, más compras, fotos en todas las esquinas, perritos de camino.... una tarde perfecta.
El musical resultó mejor de lo esperado. La música fantástica, muy coral y aunque la peque y yo somos las que más problemas tenemos con el idioma, a mi me resultó bastante cómoda y la niña la entendió porque se le caían unos lagrimones tremendos y me decía: mamá es que es muy triste, muy triste...
Al salir vimos que estaban saliendo inmediatamente los actores por lo que esperamos un ratito. La niña decía que quería una foto con Billy, por lo que el padre se preparó para pedírsela y en el momento en que el niño se preparó...Caro dijo que ni de coña. Menudo cachondeo de los mayores al ver al padre posando con el prota, como su fuera un fan de toda la vida, con su sonrisa congelada prometiendo estrangularlos en cuanto acabara el dulce momento.
La tensión se disipó con la pizza de Sbarro, que aunque está fría como un témpano, apunta maneras y en algún momento de su existencia debió ser un alimento digno. Más paseos, mas fotos en Times Square, que si el vaquero de siempre, que ahora también hay una vaquera, un predicador prometiendo salvarnos del infierno y mil anuncios iluminándolo todo, fantástico.
Un punto en contra del tema del apartamento es que no te guardan el equipaje el día que marchas por lo que el domingo tuvimos que hacer turismo con las maletucas todo el tiempo. !algo malo tenía que tener! Pero bueno, aquí todo vale la pena, las ruedas funcionaban bien y tampoco llevábamos mucho equipaje por lo que seguimos nuestro camino y quitando los miradores del Empire y del Rockefeler, que ya los habían conocido los mayores, no nos quedó nada por ver. Esta vez no fuimos a una misa en Harlem, pero es algo totalmente recomendable. Eso sí, no ir a las de turistas, que son como un circo. Vale la pena la de Canaan, una iglesia baptista en la que entras una vez que los fieles han ocupado sus sitios y que no sé lo que dura porque nosotros la dejamos a la hora y media, pero ni mucho menos, había acabado. Está a la altura de la 125, por encima de Central Park. Luego se puede comer en la zona, llegando al parque, que ponen una especie de mercado con puestos de comida étnica, estupendo.Pero esta vez, tras visitar el punto Imagine, que era algo indiscutible, continuamos el paseo por la 5ª para deleite de la peque, que no había quien la separara de la colección de barbies de FAO.
En la segunda visita, con la familia, en Octubre, aparte de profundizar un poco más en la zona del Village, que es maravillosa y de acabar de hacernos amigos del señor Visa, que es muy amable, hemos conocido algún sitio más de comida para recomendar. Mi cuñado se traía en la chuleta las recomendaciones de Carlos Herrera y yo las comparto porque han sido un acierto. Cenamos en P.J. Clarke´s, situado en la esquina de la 3ª con la 55, un lugar en el que, al parecer, ha cenado en varias ocasiones con Abellán y que tiene unas hamburguesas dignas de un rey. Yo no lo puedo confirmar porque odio la carne picada, pero mis compañeros de cena lo ratificaron y el grilled cheese con pasas que tomé, bien valía la visita. La decoración "tradicional", madera, y el buen ambiente animado con un partido de los yankees, que hacía saltar hasta a los camareros más serios cuadraron el círculo para conseguir una noche perfecta. Otro lugar recomendado, que visitaron, fue el J. G. Melon, al parecer, el preferido del periodista y cuyas hamburguesas parecen ser las más jugosas de la ciudad. El Katz´s deli es el restaurante del famoso orgasmo de Meg Ryan en la peli de "cuando Harry encontró a Sally". Intentamos comer ahí el domingo, pero la cola era tremenda. En cualquier caso, lo incluyo entre las recomendaciones. Está muy cerquita del Soho y ponen el sandwich de pastrami más famoso de la ciudad.
Bueno, en ambos viajes, la vuelta era obligatoria y nos dirigimos hacia el autobús. En el primer viaje, ya nos habíamos preparado para la vuelta y además de las prendas que habíamos comprado, llevaba preparadas unas preciosas toallas de playa que había comprado y que nos hicieron de manta, para vergüenza de mis adolescentes a pesar de que consiguieron hacernos la vuelta mucho más confortable. Por supuesto, en el viaje de octubre, como ya ha empezado el frío, el problema del bus ha sido el contrario y hemos pasado un calor horrible con la calefacción, haciendo el viaje en manga corta continuamente, pero bueno, aquí ya no me ha pillado desprevenida, que unos meses en el país te hacen ir espabilando.
Se había acabado el fin de semana, pero ya teníamos preparado el próximo: Niágara. Esto empezaba a rodar.....
Bueno, en ambos viajes, la vuelta era obligatoria y nos dirigimos hacia el autobús. En el primer viaje, ya nos habíamos preparado para la vuelta y además de las prendas que habíamos comprado, llevaba preparadas unas preciosas toallas de playa que había comprado y que nos hicieron de manta, para vergüenza de mis adolescentes a pesar de que consiguieron hacernos la vuelta mucho más confortable. Por supuesto, en el viaje de octubre, como ya ha empezado el frío, el problema del bus ha sido el contrario y hemos pasado un calor horrible con la calefacción, haciendo el viaje en manga corta continuamente, pero bueno, aquí ya no me ha pillado desprevenida, que unos meses en el país te hacen ir espabilando.
| sí, la incluyo porque es una tienda de Jaime Mascaró en pleno Village. Ole el calzado español!!!!! |