Ayer, en medio de toda esta aventura, tuvimos otra celebración familiar. Hacía 19 años que decidimos formar esta familia, aunque ya hacía años que habíamos decidido que lo queríamos decidir.
Pensábamos en quien nos iba a decir entonces que lo celebraríamos en estas circunstancias, algo totalmente fuera de nuestra imaginación, que no es poca, mientras apurábamos el jamoncito español y la tortilla ídem que acompañamos con un vino que, aunque era de California, hizo su trabajo.
Cuando no existían los cedeses (bueno, estos estaban empezando), ni los ifones, ni los aipods, ni los eme pe tres y cuatro, cada 9 de noviembre recibía una llamada desde Madrid en la que sonaba, según cogía el auricular, la canción de Cecilia, “el ramito de violetas”. La grabación era mala a retorcer, con ruido de fondo casero porque mi hermana siempre aprovechaba el momento en que Iñaki Gabilondo la ponía como era de esperar cada año, el día de la Almudena. Prometía que al año siguiente la tendría grabada de un disco, las prisas de siempre la hacían repetir la misma operación.
Ayer, eso sí, vía Skipe, recibimos el regalo de siempre, nuestro ramito de violetas y como no, milagros de la ciencia, se oía maravillosamente.
Tengo una familia preciosa, tengo mis rosas, tengo mi música. No necesito más.
Todo el blog esta muy bien, pero este capitulo te ha quedado impresionante. Tenemos que pensar donde celebrar los proximos aniversarios. A ver como nos seguimos superando.
ResponderEliminarjajajajja, lo vas a tener complicado, rey, pero creo que no tengo la más mínima duda de que te vas a superar.
ResponderEliminarven pronto
Propongo que el año que viene sea en Alaska. Así Juanjo puede ser un doc en Alaska jajajaja.
ResponderEliminarUn beso