miércoles, 3 de noviembre de 2010

NIAGARA

Aunque el barrio parece preparado para recelebrar Halloween (nadie ha quitado ni una tela de araña, ni las calaveras, ni las calabazas....), voy a retomar el viaje, mientras nos vamos preparando para la próxima celebración nacional: "Thanksgivin", o lo que es lo mismo, el día de Acción de Gracias. Yo ya estoy mirando ofertas de pavo preparado, porque me falla el menaje y no tengo una cacerola donde meter el pavo y el horno....claro, esto no lo había contado.
Resulta, que ya llevábamos más de un mes viviendo en la casa y como os he contado, está muy bien equipada, no me puedo quejar de electrodomésticos, por lo que decidí empezar a dar rienda suelta a mi gusto por la cocina. Empecé por los cookies, por aquello de la integración. Tirando de internet, conseguí la receta y pusimos el horno a funcionar consiguiendo unas galletas más que dignas. La verdad es que nos olía a gas, pero pensamos que sería de la falta de uso y abrimos ventanas. Me lancé y decidí empezar a hacer pan. No es que esté chiflada, pero es que comprábamos unas chapatitas, que había que volver a meter a calentar y aquello, aparte de costarnos más de 4 dólares la bolsa de 6 chapatas de ración, se ponía como una piedra en pocas horas. Claro, la posibilidad de volver sin dientes a España no nos hacía gracia a ninguno y mis pobres criaturas, acostumbradas a mojar como sólo un buen español sabe, echaban de menos el pan. Pues dicho y hecho. Vuelvo a tirar de internet y tras varias pruebas, mas o menos afortunadas, empecé a hacer barritas de pan a diario, actividad que no he dejado hasta la fecha. En la actualidad, he conseguido un pan requetebueno, pero mientras empezaba, viendo que no conseguía el punto, volví a meterme en el ciberespacio convencida de que encontraría las instrucciones de mi maravilloso horno de gas. 
Entré en foros y cual no sería nuestra sorpresa al ver que ponían verde a la cocina en cuestión. Resulta que, a pesar de tener un precio más que impresionante, había un montón de comentarios en el que se quejaban del olor a gas y que habían tenido sustos con llamaradas saliendo del horno y similares. Ay Dios, de la que nos habíamos librado. Decidimos que no se usaba más y empezamos a tirar de un hornito eléctrico que tenían ahí, abandonado, en una estantería y que funcionaba a pesar de su apariencia y tamaño.
Y claro, aquí me teneis, teniendo que hacer todo en pequeñas dosis, con lo que tardo cinco veces más y la justificación del precio del pan, ha quedado relegada, despues de ver lo que nos gastamos en electricidad. Por lo menos, la de la calidad sigue vigente y los niños toman pan recientito y decente todos los días.
Dejando de lado estos menesteres domésticos, despues de nuestra primera visita a NY, no tuvimos tiempo apenas de descansar porque el siguiente fin de semana ya nos había preparado una nueva excursión: Las Cataratas del Niágara. Era un viaje obligatorio, estando tan cerquita, pero se decidió rápidamente, con objeto de coincidir con Alberto y familia, que estaban pasando unas vacaciones en Canadá. Como quien queda en Casa Arturo, decidimos que nos veríamos el sábado en las cataratas, así, sin despeinarnos el flequillo. Y dicho y hecho.
Salimos el viernes por la tarde con destino a Siracuse, para pasar la noche a una distancia que creíamos de una hora de las cataratas y que finalmente fueron dos. Despues de algo más de cinco horas de viaje, con nuestro primer coche de alquiler americano, llegamos al Day´s Inn de Siracuse para pasar la noche. Un hotel/motel, o llámalo como quieras, muy digno. Realmente era mejor que el hotel en el que habíamos aterrizado la primera semana en Boston, siendo de la misma cadena y estando este en carretera. Esto de los hoteles de carretera (no están exactamente en la carretera, sino en las ciudades pegaditas a ella) está muy bien. No tengo ni idea de si es por las grandes distancias o porque aquí hay muchos negocios o turismo, pero  existen una barbaridad de ellos, con unos precios estupendos y muy buena calidad. También es cierto, que la labor de investigación de mi santo es importante y que se documenta un montón al planificar el viaje, llegando a la conclusión de que los foros internautas son de una ayuda inestimable, porque hasta la fecha, no nos hemos llevado ni un susto, ni una pequeña decepción. Tocaré madera por lo que nos queda.
Por la mañana emprendimos el viaje hacia las cataratas, mientras que nuestros amigos ya estaban esperando, pues habían hecho noche en la ciudad. Ya os digo que la hora prevista pasó a doblarse, a lo que ayudó, como siempre el paso de la frontera y las preguntas oligofrénicas sobre tus posibles intenciones asesinas.
La llegada ya impresiona, con la imagen de las cataratas al fondo. Como todo, cuando lo ves, parece menos grande, menos especial, pero al acercarnos y sentir el vapor de agua, ver aquellas cascadas que vierten agua sin parar de una forma totalmente salvaje.... es maravilloso. Nos encontramos con nuestros amigos muertos de risa, al pensar en las veces que recordaríamos esta cita y diríamos "¿eso que fue, el año de la cena en la casa de tus padres, en el Berrón o cuando comimos en las Peñas? No hombre, eso fue en Niágara, ¿no te acuerdas? Por ahí, por Canadá" la monda. Despues de risas, abrazos y relatos rápidos de cómo nos iba a unos y a otros, subimos en el barco, para hacer el paseo al pie de las cataratas, como manda la tradición. Esto ya es la recaraba. Yo sólo pensaba en si los barcos llevarían una cuerduca bajo el agua, para asegurarse de que un pequeño exceso no nos mandaría a la ducha, porque según te vas acercando, llega un momento en que apenas ves entre el vapor de agua y las pequeñas gotas, de forma que cualquier error mandaría el barco al otro barrio. Absolutamente impresionante.
Con la adrenalina a tope seguimos nuestro paseo y nos calmamos con una comida al más puro estilo americano. Me imagino que tendremos que revisar el colesterol a la vuelta, pero mientras tanto, seguimos disfrutando de la mejor fritanga del mundo. El lugar en el que se sitúan las cataratas sí que nos decepcionó bastante. No sabría describirlo, es como una especie de circo con montones de atracciones terroríficas y para niños y con edificios que parecen sacados de un estudio de cine. No acabamos de entender qué tenía que ver con el fenómeno natural, pero nos imaginamos que no tenía mayor intención que la de rentabilizar la estancia de turistas. El tiempo pasó muy rápido, como siempre ocurre cuando estás en buena compañía, y nos despedimos a media tarde mientras concertábamos una nueva cita, pero esta ya con sidra, que sabe mucho mejor.
Como nosotros íbamos a hacer noche cerquita de la frontera, para regresar tranquilos el domingo, aprovechamos el resto de la tarde viendo las cataratas desde el otro lado, el americano. El lado canadiense es el bueno para tener la perspectiva de las caídas de agua, tienes una visión general preciosa y es el lado que más le gusta a todo el mundo pero el americano no se puede dejar de ver. Si bien, apenas se ven las propias cataratas, puedes oir el estruendo que produce la corriente, junto a tí,  la visión de la caída, tan cerca, con ese caudal de agua que no se puede explicar más que viéndolo, es una imagen inolvidable.
Después de recorrer el entorno, muy bien preparado, y por lo menos, sin animaciones extrañas como en el lado canadiense, volvimos a descansar, esta vez a un Knight Inn, que parecía un motel de esos, de carretera, con bloques en hilera donde aparcas frente a tu apartamento. También estuvo muy digno y por la noche estaba animadísimo, con grupos de amigos que compartían la cena de habitación en habitación, con las puertas de par en par hasta bien entrada la noche.
La vuelta siempre es más larga, más lenta y no tiene mayor aliciente que el regreso a casa. Con el buen sabor de boca del viaje y del reencuentro con los amigos, volvimos a nuestra casa, volvimos a Brookline.








3 comentarios:

  1. Es increíble, hoy gracias a la televisión y el cine conoces gran parte del mundo y, aunque no viajes, te parece que has estado en esos lugares tan maravillosos por lo cercanos que te resultan . Pero amigos, a mi me faltaba ese detalle, ese tan importante de describir los sentimientos que todos esos lugares provocaban en tu cerebro y en tu corazón. Y gracias a ti ¡oh lala ¡ están ahí ¡¡¡¡Casi siento la cara mojada por las diminutas gotas de agua , casi estoy sintiéndolas. Bueno te dejo que me mojo y me estas llamando ahora mismo.

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  2. jajaja, se nota un poco que estás de mi lado eh?, bueno, a mi no me importa, muchas gracias, princesa

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  3. A mi me parece que es una pelota

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