miércoles, 6 de octubre de 2010

LOS CHORROS

Me iba a ir de compras al centro yo solita, que es algo que tengo ganas de hacer, sin niños que se quejen ni enanas que no paren de cogerlo todo (incluida la ropa interior de Calvin Klein, que es el expositor que mejor le pilla de altura) y gritar como posesa !mamá, esto lo quiero!!!!¿me lo compraaaaaaaaaaaaaaaaaassssssss?, porfa, porfa, porfa, porfaaaaaaaaaa; pero resulta que llueve de nuevo y he pensado que dejaré la visa  a reposo y me dedicaré a mis nuevas aficiones.
El redescubrimiento de la cama como elemento para el descanso humano mejoró considerablemente mi humor, y esto, unido a la paulatina desaparición del olor a gato (ya no me quedaba un textil que lavar) hizo que nuestra vida empezara a parecer casi normal. De momento no había mucho entretenimiento en casa dado que la tele solo tenía dibujos a primera hora y la play no funcionaba en este pais. Necesitaba nosequé drivers o vete tú a saber, para desgracia de mi pobre hijo. Nos dedicábamos a ir a comprar las mil cosas que te van haciendo falta (en mi caso son dos mil: por algún defecto congénito necesito ver la despensa llena de todo lo que "me puede hacer falta", término que siempre ha dado lugar a discusiones dialécticas) y paseábamos.
Lo de las compras, al principio nos desconcertó bastante. Como durante la primera semana y parte de la segunda comíamos siempre en fuera, nos había llamado la atención que la comida era más bien barata  habiendo llegado a comer los cinco por treinta dólares. Al empezar a llenar la despensa nos impresionaron los precios de los alimentos como el aceite, la leche, los huevos, los yogures. ¿Como se entiende que un yogur individual (se venden por separado) costase un dolar?. Empezamos a pensar que ibamos a tener que pedir un crédito para alimentar a los churumbeles, pero buscando y buscando dimos con un super que se ha convertido en mi MERCADONA (ay, mi mercadona) de referencia. Aquí ya puedes comprar a precios más lógicos y, aprovechando las ofertas (me he hecho una superexperta), ya ni te cuento. Todos los super te dan tarjetas de esas de fidelidad, con lo cual, tenemos la cartera  y los llaveros que  nos revientan de tarjetas, y así consigues descuentos y promociones. El problema suele ser que para obtener buen precio hay que comprar cantidades grandes, con lo cual, ya no es sólo mi despensa, sino mi congelador el que está preparado para la hambruna más impresionante que os podais imaginar. La parte buena es que este super es el más cercano a casa.... la mala es que nos pilla a 20 minutos caminando a buen paso. No hay  nada más cerca, salvo la tienda de mi indio preferido y la tienda de licores, tiendaque nos ha dado grandes momentos al proporcionarnos la ginebra (hemos vuelto al larios, jajajjaja) para los gin tonics en el porche durante las noches del verano.
Los paseos, además de la exploración de los lagos del entorno, tenían la parada obligada en los parques, para el esparcimiento de la peque. La pobre ha sufrido mucho con esto del idioma, porque cuando la decían algo volvía enfadada hacia nuestro banco diciendo que no entendía a los niños, y estos a su vez, la miraban con mala cara al ver el remango con el que los había dejado con la palabra en la boca. Poco a poco se fue acostumbrando y dejó de mirarlos como si la insultaran cada vez que se dirigían a ella. 
El parque que más hemos frecuentado es el que se encuentra junto a la High School a la que iban a ir los mayores. Realmente, la zona de campo de fútbol y beisbol tiene carteles que te informan de la obligación de dejarlo libre si se están realizando actividades del colegio, pero como era verano, no se daba el caso.
El parque es un rectángulo perfecto. Al fondo, en uno de los lados menores, se sitúa el edificio principal de la High School. En esta parte es donde está la zona de campo de fútbol (más que nada, porque hay dos porterías). En el lado izquierdo mirando hacia la High, se encuentra la estación del metro, en superficie ,y más edificios del colegio (gimnasio, artes...) además de la piscina. Los otros dos lados lindan con la carretera y casitas como la nuestra, de las del gran torino. En el parque, junto al campo del fútbol está el de beisbol, este sí, perfectamente delimitado y con unas gradas, de esas metálicas, para poder disfrutar de los partidos. La zona de juegos infantiles se sitúa en la parte más lejana de la High y no difiere mucho de nuestros parques salvo en una zona de chorros (desde entonces nos referimos al parque, como el parque de los chorros), que al comentarlo con amigos sí me han dicho que lo han visto en el Sur de España. Nosotros nunca lo habíamos visto. Consiste en un espacio cuadradado con un surtidor en cada esquina, que se pone en funcionamiento manual desde el exterior, para deleite de las criaturas, que a falta de piscinas descubiertas, se pasaban el día a remojo. Y no sólo los niños, a veces los padres se ponían en bañador,  provocando una imagen desconcertante al ver a aquella mujer, más que entrada en kilos ,en bikini  a 20 metros de la carretera por la que pasaba la gente correctamente vestida. Dios, qué cosas más raras se ven por aquí. Por supuesto, parte de la integración consistió en llevar a la niña con su bañador y toallita, como quien baja a San Lorenzo, incluso, a veces, volver a casa sin cambiar, con la toalla sobre los hombros.  
¿que os decia?

Nosotros solíamos sentarnos en un banco mientras la peque iba a la zona de juegos.y a los chorros. No dejaba de sorprendernos la visión general desde nuestro puesto privilegiado: a nuestra derecha,  el gran edificio de la High School, la zona deportiva, con cuatro amigos jugando al fútbol (el mundial hizo su efecto), y un partido de beisbol en marcha, con su público en las gradas. A nuestra izquierda, los niños jugando en los toboganes, columpios y saltando y gritando como locos al mojarse en los chorros, como si les hubiera pillado de sorpresa, a pesar de llevar dos horas realizando la misma operación. De frente el tren llegando y marchando, constantemente.... las casas típicas, la luz de las 7 de la tarde, que provocaba un reflejo fantástico sobre el césped y una especie de bruma en la zona de agua que hacía del paisaje un momento exacto de cualquier típica película americana. Muchas veces nos reíamos al comentar que faltaba sólo la banda sonora (esto nos pasa frecuentemente) y que parecía que en cualquier momento las puertas de la escuela se iban a abrir de par en par para dejar paso a John Travolta, en la estación  se iba a desarrollar un rápido tiroteo, el partido de beisbol iba mezclarse con unos fornidos muchachos de fútbol americano y las pequeñas del "Color Purpura" iban a jugar juegos de manos tras la bruma de los chorros. Vivíamos en medio de una película americana de lo más tradicional. Hemos llegado a la conclusión de que lo mejor que hace el cine americano es plasmar el ambiente, porque, realmente lo clavan.
Llegaba el domingo y ese día era especial porque era el primer cumple que nos pillaba en el nuevo mundo: mi cumple. Y una edad, de las de celebrar, que por supuesto, no voy a mencionar, total, todo el mundo lo sabe. No soy dada a depresiones de edad, pero la verdad, el momento no ayudaba....solitos, en el extranjero, yo envejeciendo, qué quieres, tenía mi puntito de nostalgia. Con lo que me gustan a mi las celebraciones familiares y no nos teníamos más que a nosotros mismos. Para colmo, como no había zaras, perfumerías, ni nada que se parezca cerca ya me habían advertido que lo del regalo, mejor para otro momento. El sábado por la tarde habíamos ido de compras al centro y no me llamó la atención que nos separásemos en dos grupos, para ganar tiempo. Cuando por la noche me sacaron la tarta de super, aduciendo que en España ya era mi cumple, me sorprendí al ver cómo la posibilidad de no tener un regalo me entristecía como a una colegiala, para cachondeo de mi legítimo que no hacía más que repetir ¿pero de verdad te parece mal que no haya regalo? ¿no ves que no sabía dónde cogerte nada? anda, mujer, no seas cría. Esto no hacía más que transformar mi tristeza en cabreo. Sería posible que no me hubieran comprado ni un puñetero geranio? Dios, que desgraciada soy, sola, en un pais extranjero, limpiando todo el puñetero día, sin maquillarme (ya sabeis, lo de los churretes) y para colmo, más vieja, serán cabrones!!!. Cuando aquello se iba a transformar en una auténtica escena de Almodovar y yo iba a montar una que me río yo de Carmen Maura, apareció Paula con un paquetito de Macy´s (si sería tonta, que no se me ocurrió que iban a aprovechar la tarde) con mi colonia preferida y un neceser de esos que te regalan con productos miniatura para que se te pase el disgusto de lo que has pagado por la puñetera colonia. Mi bipolaridad quedó claramente diagnosticada en el momento en que apareció el regalo; se acabó la desgracia, la soledad y además, que coño, he adelgazado y estoy más mona que hace tres años. Inmortalizamos el momento con una foto, tras descubrir, despues de dos años, que la cámara tenía la función esa de disparo retardado...

La celebración contunuó con una comida al día siguiente en la zona antigua del distrito financiero. Es un local típico en el que, además de lo que vamos a llamar, la típica comida americana, se ofrece la especialidad de esta zona, que es el lobster. El bicho en cuestión viene a ser como el primo pobre de nuestro bugre, con mucho menos sabor, pero como el precio es de coña, no te sientes tan defraudado y por lo menos, quitas la gusa. Aparte de las coñas sobre geriatricos y chistes recurrentes, se puede decir que finalmente valió la pena poder recordar para siempre que mis...........años los celebramos en medio de esta fantástica aventura.

2 comentarios:

  1. Yo me sigo partiendo de risa con tus post digas lo que digas.
    Un beso

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  2. nachín, ahora que arreglé esto de que podais escribir, a ver qué pones, jajajja, sólo admito críticas positivas. un besote, seguidor.

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