lunes, 18 de octubre de 2010

LAS MIL ISLAS

El último día me había quedado en el inicio de nuestros pequeños viajes dentro de este gran viaje. Iba a comenzar por nuestra visita a NYC, pero, ese mismo fin de semana volvimos a salir y, hoy, lunes, estoy de regreso de la segunda visita en este tiempo a la misma ciudad, NY, por lo que vamos a hacer pequeños saltos en el tiempo, ya que lo que hemos visto estos dos últimos fines de semana vale la pena intercalarlo en el relato.
Viendo que se acercaba el otoño y que aquí el concepto "está refrescando" no tiene comparación con el español, decidimos que las excursiones largas había que realizarlas rápidamente, antes de que la nieve nos asustara. Cuando estuvimos con Alberto y family en Niagara (no, todavía no lo he contado), nos comentaron que valía la pena ir a una zona conocida como las Mil Islas, en Ontario. Aquel viaje no permitía más extras de tiempo, pero Juanjín nos preparó otra excursión a Canadá, para que no nos quedásemos sin conocer el lugar.
El viernes 8 (octubre) salimos de Boston a eso de las cinco y media con una ruta prevista de cinco horas de coche hasta Siracusa, ya muy cerquita de la frontera. Por alguna razón todo Massachusets había decidido ir en la misma dirección por lo que pillamos un atasco de más de dos horas que nos hizo llegar machacados al Hotel esa noche. Juanjo ya se está "másqueperfeccionando" en la elección de los hoteles. Por medio de las páginas y foros nos busca unos hoteles en la ruta, de esos pequeñinos, que nos están dando la vida. Los primeros viajes teníamos pánico de acabar en la Teta Enroscada (el de la peli, abierto hasta el amanecer), pero viendo que el acierto ha ido en aumento, se nos está quitando el miedo al hotel de ruta. En esta ocasión el hotel era un Confort Suites, fantástico, en Cicero, Siracusa.. Buenas camas, nuevito y desayuno perfecto. Todo a un precio supereconómico ¿qué más se puede pedir? Quitando el tema de la gente que baja a desayunar en pijama, todo muy glamuroso, incluso con novias preparadas para dar el sí quiero eterno. Parece ser que como el fin de semana coincidía que era 10/10/2010, mucha gente lo eligió para que la suerte les acompañara en su nueva vida de casados. Lo de las novias se repitió en los tres hoteles del fin de semana. Lo de los pijamas también. Vale que los niños son niños (los mios se duchan/peinan/lavan para desayunar) pero ver a adolescentes y adultos en pijama y con zapatillas ya da un poco de mal rollito. Pues nadie, salvo nosotros, por supuesto, los miraba. Alucinante.
Salimos en dirección a Canadá con la intención de llegar a Gananoque para coger el barco de las 12,30 pero no contábamos con la frontera. No había muchos coches, pero los suficientes para retrasar el plan de viaje. Tras las preguntas pertinentes: ¿a qué viene? ¿donde va?¿donde vive?¿lleva armas de fuego?¿a que se dedica en USA?¿lleva algún tipo de sustancia explosiva?¿cuanto va a estar? y nosotros: a hacer turismo,/a gananoque/ ¿que? no, no, no llevamos armas, por dios/ soy medico/ no, hombre, no llevo sustancias......qué barbaridad ¿pensarán de verdad que un terrorista internacional va a caer de rodillas, llorando mientras dice:Oh, si, lo siento, llevo doscientas metralletas en el maletero, cuanto lamento ser tan mala persona? Yo todavía es algo que no entiendo.
Bueno, tras la estupenda conversación nos dio tiempo a ver cómo se iba nuestro barco para alegría de mi pequeña, que tras su última experiencia (no, no lo he contado), no tenía ganas de barco. Empezamos tomando posesión del hotel, para quitar bultos, esta vez un Holiday Inn Express, impresionante. Me imagino que por el clima, todos los hoteles tenían piscina cubierta y spa, tremendo, pero lógicamente, no habíamos pensado en baños con el frio que había anunciado. Qué le vamos a hacer. La peque ya quedó tranquila con una comida en una pizzería gigante totalmente vacía (os prometo que aquí hay una crisis del carajo, aunque no lo digan) y fuimos convenciendola, camino del barco, de que un río no tiene nada que ver con el mar y que no se iba a poner a la muerte. Efectivamente, subimos al barco para el paseo de las 3 y media. El viaje dura dos horas y media por el río San Lorenzo y se trata de hacer un recorrido por lo que llaman las Mil Islas. Como os podeis imaginar, es porque hay mil islas y el río en cuestión, podría ser un oceano de las dimensiones que tiene. Quitando el frío que pasamos por el empeño en verlo todo desde la cubierta superior, maravilloso. Son pequeñas islas (las hay que sólo tienen una casita y un arbolito), habitadas en medio de aquella inmensidad. Unas pertenecen a EEUU y otras a Canadá, se las repartieron equitativamente. Valió la pena y si alguien se acerca por allí, que no deje de hacerlo.
Después del frío y el paseo, nos fuimos en el coche a ver los pueblos de alrededor y caímos rendidos en el hotel.
El domingo emprendimos el regreso hacia USA, para llegar a Plattsburg. A la llegada empezamos localizando el hotel, esta vez un Days Inn, cadena ya frecuentada y comimos  en un restaurante de típica cadena americana "la ponderosa", que te dan todo tipo de carnes y fritanga del país. No estuvo mal y por lo menos no comimos solos, aquí sí había gente que dedujimos que venían de misa a la vista de los vestidos de brillos de las niñas y los trajes tres tallas más de los señores.
Después de la comida venía la visita turística. Empezamos por las Ausable Chasm High Fall, que es una especie de ruta del cares, pero a la americana, con caídas preciosas entre montañas. Tiene la particularidad de que la explotación es privada (alucinante), y en los foros te informan de que el paseo completo no vale la pena, dado que la caída principal es visible desde la carretera, por lo que así lo hicimos como el montón de gente que estaba en el puente fotografiando la cascada. 
Continuamos el paseo hacia las High falls George, que también son de explotación privada. Aquí había que entrar porque no son visibles desde ningún lado, pero para vuestra información, a las cuatro treinta es el último pase, por lo que, por minutos, no nos dejaron entrar.
 Pues nada, a seguir ruta. Nos dirigimos a los pueblos de  Lake Placid y  Lake Saranac. El primero os sonará como sede de los juegos olímpicos de invierno en varias ocasiones. Lo gracioso es que el lago de Lake Placid el el lago Mirror, cosas extrañas. Los dos pueblos preciosos, los lagos impresionantes, y la manía de poner las casas casi encima, aparte de ser un atentado a la naturaleza, precioso. Parecía una continua postal con sus barquitas, las luces, los faros, los reflejos, precioso. Cenamos en Lake Placid, que ha sabido utilizar el tirón de los juegos y está lleno de tiendas y chiringos para comer.
El lunes era el día de vuelta, pasando por Vermont, que es la zona más impresionante en el tema de la hoja. En esta etapa teníamos que volver a cruzar el río pero esta vez en un ferry, con el coche. Y qué quereis que os diga, que seremos un poco de pueblo, pero íbamos encantados de la vida de la novedad ya que era la primera vez que usábamos un invento de estos. Continuamos hasta Burlintong, que es un pueblo precioso, pequeño, pero el más grande del estado, aunque la capital sea Montpelier. Estuvimos paseando y comiendo y conocimos a una familia que nos paró al oirnos ya que la mujer era una catalana que llevaba 14 años viviendo en Providence (ya os contaré dónde está, que tambien lo hemos conocido). Vale, sí, también fuimos de compras, pero fue sin intención, es que en la calle principal había un "mall" con unos descuentos que te mueres, así que para no fallar con la tradición de todas las salidas, volvimos cargaditos.
Con el colesterol por las nubes y molidos del viaje y del atasco a la entrada, llegamos a brookline, que  creo que hemos conseguido que se convienta en nuestra casa o por lo menos, eso creo ,porque es lo que decimos al regreso: !por fin en casa!



































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