viernes, 1 de octubre de 2010

CAMPEOOOOOOOOOOONESSSSSSSSSSS

El domingo nos levantamos entre la duda de ver el futbol en casa o bajar a verlo al bar que se había convertido en nuestro amuleto, el whiskey´s, frente al Prudential Center. La duda era lógica. En la casa había, aparte de la tele gigante del sótano (ni de coña), dos teles en el salón (sí, dos, gigantes, sólo habíamos visto una porque la otra estaba dentro de un mueble con puertas), otra igual en nuestro dormitorio, y una pequeña en la cocina. Las del salón ya están destinadas, una a la play y otra a televisión y la del dormitorio, está casi de adorno. La de la cocina hemos decidido desterrarla en la habitación de los mil recuerdos del sótano, lo que ha mejorado considerablemente la conversación familiar. Bueno, mucha tele, pero como no teníamos todavía ningún tipo de contrato por cable, no estábamos seguros de que en los canales básicos fueran a emitir el futbol y ante la duda decidimos bajar al centro. No se nos ocurrió que el fútbol fuera a levantar tantas pasiones y habíamos perdido demasiado tiempo hasta salir de casa, con lo que nuestro amable camarero nos informó que ni de coña íbamos a poder comer aquel día. Ohhhhhhhhhhh, mi santo empezaba a blanquear por momentos mientras recorríamos Boylston, en busca de algún sitio para comer viendo el partido. Dios, era la final, y nosotros, de paseo. La situación se ponía tensa y había cola en todos los sitios hasta que llegamos a un restaurante en el que nos hicieron un hueco, pero quedábamos casi debajo de la pantalla. No importa. Nos fuimos haciendo los locos y moviendonos poco a poco, y así lo fuimos viviendo. Las pasiones estaban divididas y yo, tonta de mi, creí que los paraguayos de al lado estaban con España hasta que el imbécil del niño inmenso celebró un error de Villa. Encima, el enemigo al lado, porque lo de la señora del fondo de la camisa naranja, ya era más evidente, pero el mocoso ese, ¿qué se le había perdido en Holanda?
En cualquier caso, el ambiente mayoritariamente era proEspaña, y a la vez que aumentaba la tensión, lo hacia la conversación con todas las mesas cercanas. Se nos pusieron al lado otra familia de esas que hay un poco de todo. Los hijos parecían españoles, pero los nietos eran claramente americanos. La abuela nos dijo que era española, pero parecía cubana y el marido era americano, pero parecía de madrid, un lío. Estos sí estaban con España, como locos, con lo cual, los límites entre mesas se iban disipando y parecíamos una masa conjunta al borde del infarto. Yo salía a fumar en los descansos, porque aquí no se fuma ni en las terrazas y seguía confraternizando y mirando mal a los rivales. El camarero, hispano, no daba a basto a ponernos agua y cervezas. Nos iba a dar algo... aquello podía acabar en tragedia. Y de pronto el gooooooooooooolllllllllllllllllll. Dios, que saltos, qué besos, qué abrazos, la gente felicitandonos, como si lo hubiéramos marcado nosotros en persona, qué pasada de exceso de alegría, que grande eres Iniesta....
Lo celebramos con una margarita, mientras se nos escapaba alguna lagrimilla de la emoción. ¿qué pasa?, una tiene su corazoncito, y los futboleros de la familia, ya ni os cuento. En España sería tremendo, pero aquí fue una experiencia impresionante. No hay absolutamente ningún político, ninguna campaña, ningún discurso que pueda conseguir la milésima parte de sentimiento nacional como lo ha hecho el deporte en los últimos tiempos. Es triste, pero es así.

Antes de la llegada dela furia española
Con esa sensación que te queda tras una emoción tan grande de ¿y ahora qué?, recordamos que en la lista IBERIA habían dicho que si ganaba España irían todos a la plaza situada junto a la Scientics Church, por lo que hacia allí empezamos a caminar, encontrándonos por el camino con gente que pitaba y nos saludaba (el niño llevaba, por supuesto, la camiseta de la selección). Jope, que corte, ni un alma. Pensamos que todos los españoles debían estar en nuestro bar y que la impresión había sido un tanto optimista en cuanto a la furia española, pero entonces se acercó un chaval en bici, que nos dió la enhorabuena y nos dijo que los españoles habían quedado en un bar de Fenway, y que efectivamente, vendrían hacia la plaza. Empezamos a hacer el camino hacia donde nos había indicado y de pronto empezamos a ver grupos de camisetas rojas que, incluso paraban el tráfico mientras cantaban lo de "yo soy español, español españolllllllll". Dimos la vuelta para regresar a la plaza y allí empezó la supercelebración. Por esa extraña e internacional razón, acabaron todos dentro del estanque. Tremendo, la mayoría superadolescentes, de esos que mandas a Boston a aprender inglés y vuelven con el mismo nivel pero con un montón de amigos en todos los puntos de España y te vuelven loco con las visitas mutuas a sus respectivas ciudades. La leche. Gritamos como locos y juré poner una bandera aquí y otra más grande cuando volviera a casa. !Que pasa! ¿No la ponen en todas partes? Debemos ser de los pocos que sólo la usamos en las victorias deportivas...!cuanto lamentamos en ese momento no haber comprado la bandera que tuvimos en la mano en la tienda del chino del Parque Infantil!
la furia española se acerca
En fín, con la adrenalina a tope, nos fuimos retirando, ya que decidimos que éramos mayores para el baño y los niños, que no tenían bastantes amigos para compartirlo. La resaca duró mucho tiempo. Todavía, la semana pasada, una chica que nos oyó hablar en el metro nos felicitó por el triunfo, esto ha calado más de lo que creemos (Zapatero, aprovecha un poco).
Las fotos del estanque las tenemos en el móvil, porque, como buena familia organizada nos quedamos sin memoria en la cámara de fotos.... No había habido tiempo para organizarnos como dios manda (realmente, nunca nos organizamos como dios manda). En cualquier caso, las podeis ver en la red, en las páginas de IBERIA y otras similares.

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