El domingo nos levantamos entre la duda de ver el futbol en casa o bajar a verlo al bar que se había convertido en nuestro amuleto, el whiskey´s, frente al Prudential Center. La duda era lógica. En la casa había, aparte de la tele gigante del sótano (ni de coña), dos teles en el salón (sí, dos, gigantes, sólo habíamos visto una porque la otra estaba dentro de un mueble con puertas), otra igual en nuestro dormitorio, y una pequeña en la cocina. Las del salón ya están destinadas, una a la play y otra a televisión y la del dormitorio, está casi de adorno. La de la cocina hemos decidido desterrarla en la habitación de los mil recuerdos del sótano, lo que ha mejorado considerablemente la conversación familiar. Bueno, mucha tele, pero como no teníamos todavía ningún tipo de contrato por cable, no estábamos seguros de que en los canales básicos fueran a emitir el futbol y ante la duda decidimos bajar al centro. No se nos ocurrió que el fútbol fuera a levantar tantas pasiones y habíamos perdido demasiado tiempo hasta salir de casa, con lo que nuestro amable camarero nos informó que ni de coña íbamos a poder comer aquel día. Ohhhhhhhhhhh, mi santo empezaba a blanquear por momentos mientras recorríamos Boylston, en busca de algún sitio para comer viendo el partido. Dios, era la final, y nosotros, de paseo. La situación se ponía tensa y había cola en todos los sitios hasta que llegamos a un restaurante en el que nos hicieron un hueco, pero quedábamos casi debajo de la pantalla. No importa. Nos fuimos haciendo los locos y moviendonos poco a poco, y así lo fuimos viviendo. Las pasiones estaban divididas y yo, tonta de mi, creí que los paraguayos de al lado estaban con España hasta que el imbécil del niño inmenso celebró un error de Villa. Encima, el enemigo al lado, porque lo de la señora del fondo de la camisa naranja, ya era más evidente, pero el mocoso ese, ¿qué se le había perdido en Holanda?
En cualquier caso, el ambiente mayoritariamente era proEspaña, y a la vez que aumentaba la tensión, lo hacia la conversación con todas las mesas cercanas. Se nos pusieron al lado otra familia de esas que hay un poco de todo. Los hijos parecían españoles, pero los nietos eran claramente americanos. La abuela nos dijo que era española, pero parecía cubana y el marido era americano, pero parecía de madrid, un lío. Estos sí estaban con España, como locos, con lo cual, los límites entre mesas se iban disipando y parecíamos una masa conjunta al borde del infarto. Yo salía a fumar en los descansos, porque aquí no se fuma ni en las terrazas y seguía confraternizando y mirando mal a los rivales. El camarero, hispano, no daba a basto a ponernos agua y cervezas. Nos iba a dar algo... aquello podía acabar en tragedia. Y de pronto el gooooooooooooolllllllllllllllllll. Dios, que saltos, qué besos, qué abrazos, la gente felicitandonos, como si lo hubiéramos marcado nosotros en persona, qué pasada de exceso de alegría, que grande eres Iniesta....
Lo celebramos con una margarita, mientras se nos escapaba alguna lagrimilla de la emoción. ¿qué pasa?, una tiene su corazoncito, y los futboleros de la familia, ya ni os cuento. En España sería tremendo, pero aquí fue una experiencia impresionante. No hay absolutamente ningún político, ninguna campaña, ningún discurso que pueda conseguir la milésima parte de sentimiento nacional como lo ha hecho el deporte en los últimos tiempos. Es triste, pero es así.
| Antes de la llegada dela furia española |
| la furia española se acerca |
Las fotos del estanque las tenemos en el móvil, porque, como buena familia organizada nos quedamos sin memoria en la cámara de fotos.... No había habido tiempo para organizarnos como dios manda (realmente, nunca nos organizamos como dios manda). En cualquier caso, las podeis ver en la red, en las páginas de IBERIA y otras similares.
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