lunes, 4 de octubre de 2010

TRES MESES

Hoy es 4 de Octubre y han pasado tres meses desde nuestra llegada. Realmente ya queda menos de lo que hemos pasado, pero como os he empezado a contar tarde nuestras vivencias, este comentario, probablemente, resulte extraño. Es complicado transcribir las notas tomadas en su momento porque siempre me ha sido difícil escribir al dictado y las sensaciones no son las mismas. Hoy ha amanecido un perfecto día de otoño y hace que resulte difícil recordar el calor, el sudor, el jaleo en casa con los niños todo el día en los días de verano.... ayer acabó el verano, en el mismo momento en que coloqué botas a todo el mundo en casa. La música de fondo son Los Miserables, en una emisora a la carta que me he creado gracias a mi teacher, que se pasa el día contándonos lugares en el amplio mundo internauta y el café se me ha quedado frío. Esto no promete un relato jocoso.....

Ya llevábamos más de dos semanas viviendo en la ciudad y una residiendo en lo que sería nuestro nuevo hogar. Los días pasaban entretenidos en la profunda limpieza y mis recuerdos hacia los familiares de los antiguos moradores. Los niños trataban de no sobrealterar mi humor, que pasaba de la risa al más profundo desánimo ante la duda de si aquella casa olería en algún momento a nosotros y no a aquella mezcla de polvo, grasa, humedad y ¿gato? sí me empeñé en que olía a gato y no paraba de echar productos de esos que absorben olores mientras limpiaba, pero aquel extraño olor tardó en irse. Las tardes las ocupábamos explorando el entorno y para cachondeo familiar, a mi santo le dio por buscar todos los lagos existentes en la zona. Cada tarde buscábamos uno, a cual más grande. Cuando salíamos a la calle y decía ¿dónde vamos?, hasta la pequeña decía ¿no quieres que busquemos otro lago?, con el consiguiente cabreo entre las risas de todos. 
Empezábamos a darnos cuenta de que aquello no eran unas vacaciones, porque las dos primeras semanas, entre paseos, cuatros de julio y turismo se habían parecido mucho, pero aquello ya empezaba a  acercarse más a una vida cotidiana, con un padre que se iba a trabajar y una madre de las que te cuidan full time. Sí, efectivamente, aquello ya no eran unas vacaciones, por mucho que paseasemos, aquello era real: ya estábamos viviendo en Boston.
Yo seguía durmiendo en el sofá...No, no me había enfadado con Juanjo, ese no era el motivo. Cuando nos enseño la casa nuestra amigra italiano-griego-americana ya vimos que la única habitación que carecía de cama era la matrimonial y nos habíamos imaginado que tendríamos que comprarla. El día que trasladamos el equipaje y tomamos posesión del lugar nos indicó que se le había olvidado decirnos que la cama matrimonial estaba en el sótano, mientras se dirigía hacia el tétrico lugar. Nosotros la seguimos. Abrió la primera puerta.... siguió hacia la puerta de la habitación del fondo y, sonriente, nos señaló un somier, dos canapés y dos colchones que apoyaban en la pared del fondo. Oh, Dios mío. Yo pellizcaba a Juanjo, le tiraba del pantalón, le susurraba "ni de coña, no, juanjo, dile que no, que no hace falta", pero nada, Juanjo no se enteraba. ¿Porqué los hombres, o no se enteran, o te preguntan en alto "qué dices, cariño"? Así que me vi ayudando a mi amiga y a mi querido a subir todo aquello, sacándolo por la puerta que comunicaba el sótano con el yard (era imposible subir la escalera posterior) y arrastrándolo por el camino lateral de la casa para meterlo por la puerta principal, hasta el dormitorio, donde lo montamos y quitamos la mayor parte de la porquería adquirida.
Me tiré casi dos semanas observando aquella cama. La aspiraba y requeteaspiraba. La echaba el chisme de los olores.... pero nada. Aquella habitación apestaba a humedad, lógico, porque ésta se notaba incluso al tacto de los colchones. Cada noche, Juanjo decía: ¿hacemos la cama? y yo: no, deja, espera otro poco, a ver si se le va el olor... pero no se iba. Despues de más de una semana durmiendo en el sofá, Juanjo en la habitación pequeña, los tres niños en la litera y tener aquella habitación en eterna ventilación sin ningún resultado, decidimos que había que comprar una cama y en ese momento la volvimos a guardar donde no debería  haber salido, haciendo el recorrido inverso: en el sótano.
Con la tranquilidad que me daba saber que no dormiría en aquel lecho de ácaros, ya estaba más tranquila y decidimos que iríamos a IKEA. Sí, aquí también tienen esa maravilloso y adictivo comercio. Estudiamos la ruta en Google Maps, que luego ha sido nuestro eterno compañero de aventuras, pero, por alguna extraña razón, aquella vez, nos falló. Nos indicaba que deberíamos coger el tren, un autobús y caminar un poco. No importaba, no hacía falta traer nada en la mano, nos lo traerían a casa.
Salimos felices, el sábado, y cogimos nuestro tren y en la salida ya estaba el autobús. Fantástico todo iba perfecto, iba a por mi cama. El conductor no parecía saber dónde estaba IKEA, bueno, no importa, será que no se entera. El niño está mareado. Aguanta, venga, que no será lejos. De pronto, nos dice algo ¿que tenemos que bajar? Si venga, que la linea se acaba aquí. Por lo visto, ese mismo autobús tiene dos versiones de línea y esta era la corta. Nos dice que esperemos, que cojamos el que llegará que continúa hasta el punto que había dicho mi amigo google. Y ahí nos tienes, debajo de un árbol, con el niño mareado, en una carretera de cuatro carriles, junto un núcleo de comercios de venta de automóviles y similares, cuatro casas y sin saber dónde estábamos y hacia donde ir.
Despues de media hora, sin saber la frecuencia del bus, si llegaría o no o si había caído una bomba de neutrones y eramos los únicos supervivientes Juanjo decidió acercarse a un local de esos de comida rápida que había junto al comercio de coches. Yo, atacada, por si en ese justo momento pasaba el autobús fantasma, despues de casi una hora de espera, pero no. Le dijeron que IKEA no estaba tan lejos y que lo mejor que hacíamos era coger un taxi. !Eramos cinco! nuestro gran problema a la hora de coger taxis... Llegó un hombre encantador que hizo como que no nos contaba y por fin, nos llevó a nuestro destino. Bueno, antes de subirnos limpió los restos de su almuerzo del asiento del copiloto y guardó la hamburgesa empezada en el maletero. La extraña bebida de color azul (luego las hemos visto de mil colores diferentes) se quedó junto a él. Ya eran más de las dos de la tarde... desde luego nos estaba costando un gran esfuerzo dormir como personas. A partir de este fin de semana empezó nuestra cordial relación con las empresas de alquiler de coches, normal.
Después de haber tenido que cambiar el modelo, porque lógicamente, la oferta del catálogo se había acabado y hasta agosto no llegaría otra remesa, deshicimos el camino de una forma mucho más ordenada, al llevarnos el taxi directamente a la parada del tren, con la promesa de que tendríamos la cama en casa al día siguiente. 
Efectivamente, tras una llamada para avisar de un pequeño retraso, la cama llegaba al mediodía del domingo y Juanjo se ponía manos a la obra con su primera cama de IKEA. La paella sirvió para dar ánimos a la hora de interpretar las famosas instrucciones y por fin tuvimos cama. Creo que nunca me hizo tanta ilusión una compra ni me pareció tan maravillosa y cómoda una cama. Siempre te dicen que dejes el colchón un día sin usar, para que recupere su forma y todo eso. Por supuesto, no hicimos ni caso y esa misma noche DORMIMOS EN UNA CAMA. 

Bueno, las cosas ya empezaban a ir mucho mejor y aquello, definitivamente, despues de la paella y la cama empezaba a oler a casa, a nuestra casa.......

Ya no llueve....parece que al final va a salir el sol,

4 comentarios:

  1. Me parto contigo tita. jai jai jai.
    Acabo de leer todas las entradas de un tirón y hasta Fernando ha venido a averiguar por que me reía.
    Bueno un besote y te pongo en favoritos para no perderme tus relatos.
    Chao!

    ResponderEliminar
  2. NO SABES LO QUE ME HA SORPRENDIDO TU FACETA DE ESCRITORA, ES MUY DIVERTIDO,ASI QUE SIGUE ESCRIBIENDO. BESITOS COVA

    ResponderEliminar
  3. Bueno, Ana, estoy intentando decirte que p´alante. Que como el tren, solo ye pitar y ponese andar. Pero el mecanismo, la aplicación, o lo que sea, me exige estar registrado no sé onde. Y no lo pienso hacer. Así que ,...

    ResponderEliminar
  4. Fui la primera y a este paso me voy a quedar la última,no me espero al quinto puesto¡ QUE NUNCA HUBO UN QUINTO MALO¡Por que al ritmo que llevas no me da tiempo.Esto va a ser la caña.Sigue contandonos todas tus vivencias en ese gran pais que nos vamos a reir un rato.
    MADA.

    ResponderEliminar