miércoles, 6 de abril de 2011

TU SONRISA....


Hace unos meses le comentaba a nuestro amigo la forma en la que nos había emocionado escuchar en el metro de Boston  a un magnífico cantante  la canción del Hombre del Piano. No pudimos evitar el recuerdo de aquella noche en Navidad, de aquel momento dulce y mágico en la que ella nos cantó mientras los demás escuchábamos sobrecogidos, sabedores de que probablemente sería la última vez….
También le comenté la forma en la que nos dimos cuenta que, dentro del sinsentido que supone una pérdida, se había creado un vínculo mental, un resorte que haría que su recuerdo no desapareciera al haberse ligado inseparablemente a esa canción. Me pareció bello pensar que eso es lo que da valor a la vida, eso es lo que hace que todo tenga algún sentido: el recuerdo. Que alguien pueda ligar un momento, un olor o una canción a una persona hace real esa existencia, hace que se pierda la diferencia entre los tipos de vida en las que discurre porque, aunque suene obvio, lo peor de una pérdida es la ausencia, esa ausencia física, esa necesidad imposible de piel.
Y hemos vuelto a tener la misma sensación llenándosenos los ojos de lágrimas cada vez que tu recuerdo nos estruja el corazón. Y es que hay recuerdos, más de los que nos parecían. Hay momentos, proyectos de viajes, dietas a medio terminar, tardes de sidra…. Pero sobre todo, hay una sonrisa, una sonrisa que fue el tema central de tu despedida. Una sonrisa franca, amplia, llena de alegría. Una sonrisa que a veces era el preludio de una risa más franca aún, sonora, entera… Una sonrisa que no era sino otra nota de color, de ese color que siempre te acompañaba….
De alguna manera vuelve a reconfortarme esa sensación. Estás en el pensamiento de mucha gente que, tal y como pensé hace algunos meses, no nos habíamos parado a pensar lo que te queríamos. Y reconforta porque, aunque los ojos se nublen con tu recuerdo, tu imagen sonriente me contagia y me doy cuenta de que yo también estoy sonriendo mientras se me escapa una lágrima chivata. Reconforta que tu recuerdo provoque sonrisas, las mismas que repartías sin medida. Reconforta la sensación de haber conocido a una buena persona, de haber formado parte de su círculo, de sentir que, ineludiblemente, forma parte de tu vida y tú de la suya.
Me faltó, nos faltó, darte un beso, un abrazo, decir algo…. No sé, pero te lo decimos ahora, te lo decimos desde aquí: gracias. Gracias por haberte conocido

No dejes de sonreírnos, por favor.


No hay comentarios:

Publicar un comentario